Desde que empezó el proceso de reforma constitucional, una mayoría de la Asamblea Revisora se parcializó con la jerarquía católica y sus instituciones internacionales, como el Opus Dei, Sodalicio, Vida Humana Internacional y otras consideradas sectas católicas que tienen representación en el Congreso dominicano, recreando las viejas costumbres políticas de Trujillo, que son las preferidas de esta parte del poder fático y formal.
A la autoridad eclesiástica local y a muchos/as asambleístas, les conviene mantener las cosas como en tiempos del sátrapa y trabajan por esa vuelta al pasado con ahínco y de espaldas al pueblo, señalándole como las mejores tradiciones, la dependencia, el adocenamiento, la servidumbre y subordinación para seguir manejando creencias, prácticas y conocimientos al estilo medieval que es como corresponde a sus propósitos de buen vivir.
La aprobación del artículo 44 del proyecto de reforma constitucional que indica: La familia es el fundamento de la sociedad y el espacio básico para el desarrollo integral de las personas y, como tal, recibirá la protección del Estado.
El matrimonio de un hombre y una mujer es el fundamento legal de la familia. La ley rige el derecho al matrimonio y sus efectos, y el espectáculo dado el día de Corpus Christi pasado, demostró la estrecha relación del purpurado con el Congreso dominicano, una mancuerna al mejor estilo medieval.
Solo nos volver a la misa en latín, a los velos en las cabezas femeninas, las indulgencias pagadas y a las mejores viejas tradiciones eclesiásticas. Sin embargo, las cifras, nos dicen que sólo el 36.7% de los hogares del país y sólo el 33.7% de los hogares urbanos- responde al modelo de familia nuclear biparental con hijos; que casi el 50% de los hogares clasifica en las categorías de extendidos (27%), compuestos (13%) y unipersonales (8%) y que más del 32.8% de los hogares dominicanos está encabezado por una mujer; entre los hogares urbanos esta cifra asciende a 36.5%.

