Con los consulados como feudos de sus titulares la reforma que tanto se pregona del Estado dejaba, en el menor de los casos, mucho que desear. Y aunque date de tiempos muy atrás, la práctica chocaba con la transparencia que siempre ha sido de los pilares de un buen Gobierno.
Con la reforma introducida por el Ministerio de Relaciones Exteriores, los consulados dejan de ser una suerte de botín para los titulares. Hay consulados que el movimiento comercial y los vastos servicios representan una verdadera mina de oro para los encargados.
Pero con la reforma anunciada por el canciller Roberto Álvarez esa distorsión concluyó. En lugar de ir a parar a los bolsillos de los cónsules, las recaudaciones de las oficinas ingresarán al erario a través de la cuenta única. Los cónsules tendrán que conformarse con un salario, como cualquier otro servidor público.

