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Convergencia: Gerardino

Convergencia: Gerardino

Efraim Castillo

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La misma cronología histórica del arte se aposenta en las reproducciones de la vida misma, testificada por los primeros lenguajes estéticos, la mitología y las religiones mágicas, y luego apoyada por las directrices ideológicas de los imperios.

La pintura desarrollada por Gerardino estuvo aprisionada entre las contradicciones de su propio discurso, pero admitiendo fluir la presencia de una vocación marcada por el talento y la creatividad, donde sobresalió —como en toda producción expresionista-figurativa— la intención de provocar la reacción apasionada del espectador [o lector] frente a la obra.

Porque, ¿cuál es el proyecto fundamental del arte, sino inyectar en la piel social un arrebato, una herida sangrante en esa masmédula creada por Oliverio Girondo en su poema de 1954, un goce subconsciente en la profundidad del sueño?: («Sino la viva mezcla / la total mezcla / la pura impura mezcla que me merma los machimbres…».

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Luis Miguel Gerardino, Ramón Oviedo y Efraim Castillo en la ciudad de Barahona.

Los viajeros, las prostitutas, los niños, los ángeles, los visionarios sociales estuvieron siempre presentes en la obra de Luis Miguel Gerardino, tal como en aquel expresionismo alemán arremolinado en el movimiento El puente (Die Brücke, 1905-13), donde descollaron Ernst Ludwig y Erich Heckel, que avisaron sobre las miserias existenciales y las voluptuosidades de las corruptelas.

Porque el expresionismo late, ipso facto, rascando la epidermis al instante, al relampagueo de la primera mirada y evadiendo las excusas, y por eso ese lenguaje ha permanecido y evolucionado a través de realizadores como Brueghel, Goya, Daumier, Cézanne, Gauguin, Van Gogh, Munch, Modigliani y otros, irrigando con su impronta todos los lenguajes estéticos.

Ojalá —y eso se lo debe a Ramón Oviedo, que creyó en él— Luis Miguel Gerardino se lance a la arena contradictoria, gozosa y esplendente de la plástica dominicana con una nueva colección de sus pinturas.

Sé que esa producción habrá de repercutir en los ámbitos sagrados donde duele la presencia del verdadero arte. En la actividad plástica el tiempo es un quelonio, un revoltijo de fugas y presencias que brota entre horas y deshoras para golpear la soñolencia de quienes poseen talento.

Efraim Castillo

Efraim Castillo