MADRID.AFP América Latina llega a la cumbre con la Unión Europea de Madrid con la tranquilidad de haber sorteado la crisis que hace tambalear a las economías del Viejo Continente y con la creciente proyección internacional de Brasil, evidenciada en las gestiones del presidente Luiz Inacio Lula da Silva en Irán.
«La región ya no es aquélla que no sabía lo que tenía que hacer, que estaba siempre en una situación económica deficitaria», dijo la ex presidenta chilena Michelle Bachelet en unas declaraciones recogidas este lunes por el diario español El País, la víspera de la VI cumbre birregional.
La UE firmará, al margen de ese encuentro, sendos tratados de libre comercio con Perú y Colombia, y probablemente con América Central, y relanzará sus negociaciones con el Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay).
La reactivación de estas últimas discusiones, estancadas desde fines de 2004, provoca discrepancias en Europa, a causa de los temores de los países que más se benefician de las subvenciones europeas a la agricultura, empezando por Francia.
Los negociadores sudamericanos afirman que la pelota ahora está del lado europeo. «Mercosur ha hecho sus deberes, ha dado señales concretas» para llegar a ese acuerdo, y ahora «la única forma de avanzar es tener una visión política del tema», explicó una fuente de ese bloque.
Los sudamericanos argumentan además que América Latina ofrece a Europa la posibilidad de ganar posiciones en momentos en que Estados Unidos está enmarañado en sus guerras y su crisis.
De hecho, otros han visto esas oportunidades, como Rusia y China, que en los últimos meses reforzaron la cooperación desde el comercio de materias primas a las inversiones automovilísticas y los contratos de defensa.
China se convirtió ya en el segundo socio comercial de Brasil (por detrás de la UE pero por delante de Estados Unidos) y en el primero de Chile. Además, según proyecciones, puede convertirse en el principal inversionista en América Latina hacia 2020.
El presidente peruano, Alan García, llamó este lunes en Madrid a la UE a desprenderse de «rigideces» ideológicas, que «confunden democracia y proteccionismo excesivo», para superar sus problemas.

