Recientemente volví a recordar la importancia que tiene la fe en los procesos de sanación no sólo en los Estados Unidos sino también en la República Dominicana. Durante una cena celebrada con unos visitantes de Washington, descubrí que uno de mis invitados era oriundo de San Juan, un pequeño pueblo ubicado a unas cinco millas del lugar donde yo crecí. Sentados juntos, en Santo Domingo, empezamos a intercambiar historias del sur de Texas y de nuestras respectivas infancias hace ya unas cuantas décadas.
Nuestra conversación pronto giró en torno a Nuestra Señora de San Juan del Valle, un lugar muy reconocido por los peregrinajes realizados muchas veces de rodillas por los católicos de la zona fronteriza de los Estados Unidos y México. Durante la turbulenta década de los sesenta, mientras los estadounidenses batallaban en Vietnam, la capilla empezó a jugar un papel muy importante dentro de nuestra comunidad. Era un lugar donde las madres iban para dar las gracias cuando sus hijos regresaban sanos y salvos del campo de batalla.
A lo largo y ancho de los Estados Unidos, existen muchos pueblos como éste que valoran sus costumbres y unen esfuerzos para darles esperanzas a sus comunidades. Este es el espíritu que reina durante los festivales y las ferias, en las actividades de recaudación de fondos y en los eventos deportivos, en torno a buenas y malas noticias. Estos lugares generan el sentido de pertenecer, y fomentan el tipo de solidaridad que inyecta un sentido de orgullo a las diversas comunidades que conforman los Estados Unidos. Son lugares que trascienden sus propios problemas y se encaminan por el sendero de sus propios éxitos.
Hoy, el pueblo de San Juan, en Texas, ostenta una población de más de 34,800 habitantes. El nombre de este santuario famoso proviene de San Juan de los Lagos, fundada en 1542, cerca de Guadalajara, México. Los registros de la iglesia cuentan sobre un milagro, ocurrido en 1623, y atribuido a una pequeña imagen de la Inmaculada Concepción, colocada ahí por los misioneros españoles. En ese año, en San Juan de los Lagos, un joven que trabajaba en un circo resucitó. La noticia del milagro empezó a correr, y así creció la devoción por la Virgen de San Juan.
De las luchas territoriales y de independencia del siglo 19 entre España, México, Texas y los Estados Unidos, surgió un territorio donde el lenguaje y la cultura se mezclaron a pesar de las divisiones políticas que caracterizaban las dos naciones. El reverendo José María Azpiazu, cuando se convirtió en el Pastor de San Juan del Valle en el 1949, percibió esta situación y fomentó de nuevo en los Estados Unidos la devoción de Nuestra Señora de San Juan. Su visión abrazó los beneficios que dan el espíritu comunitario, aún cuando existen fronteras por el medio, y se inspiró en las similitudes entre los dos San Juan.
En San Juan del Valle la capilla se había convertido, durante mucho tiempo, en un lugar de peregrinaje para los trabajadores agrícolas de la región. Anualmente, antes de despedirse de sus familias para seguir las cosechas de temporada, los trabajadores buscaban la protección de la Virgen María. También le daban las gracias cuando retornaban sanos y salvos a sus hogares. Los peregrinos de San Juan del Valle poseían más riquezas espirituales que bienes terrenales.
En octubre de 1970 una tragedia sobrevino a las renovadas iglesia y capilla. Los atributos que las habían hecho famosas surgieron de nuevo. En esa fecha, un piloto estrelló su pequeño avión en el techo de la iglesia. De las 200 personas que había en la iglesia en ese momento, el único que murió fue el piloto.
Desde el 1920, cuando la capilla era una simple estructura de madera, la capilla de Nuestra Señora de San Juan del Valle hoy promedia más de un millón de visitantes por año. Veo aquí, en la República Dominicana, el mismo tipo de devoción que experimenté en mi pueblo natal. La estructura física del santuario ha soportado las embestidas de cuatro siglos de sueños y dolor, fortaleciendo los pilares de un espíritu comunitario de donde nacen nuevos líderes. Aunque la religión organizada confronta muchos retos, sigue siendo una fuente de esperanza y apoyo tanto para los estadounidenses como para los dominicanos.

