Santiago, un bolero… !Y entonces!
Ella siempre ha sido la ciudad de la pujanza empresarial, el pueblo de las buenas ideas, desde aquella Asociación para el Desarrollo, Inc. de los Dones, -entonces, jóvenes- Popy, Alejandro, Víctor, Luis, allá por los años 60. (ISA, PUCMM, BPOPULAR, ¿recuerdan?)
Ella era, ha sido, desde aquellas guerras que parieron la patria, (un marzo que casi pintaba abril) la ciudad nacional de la dominicanidad más cierta y verdadera. (Tiene uno escrito por ahí que, con el Centro León lo leone agradecidos- no han hecho más que sacar a bailar la dominicanidad y sus altares para que la contemple el mundo y su auditorio.)
Todo eso es verdad. Lo que ocurre es que, ahora, además, Santiago es, será, está siendo la gran ciudad del bolero, que es como le dicen los románticos a las cantadas luchas del amor, sus vicisitudes dolientes con sus horizontales resultados, ay, pero sólo cuando Dios mete su mano, un sol muere y la María sonríe.
Tal que entre el Centro León, la SE de Cultura y el INEC se han montado este fin de semana un congreso internacional sobre El Bolero desde el Caribe hacia el resto del mundo. Sus fusiones y sus poesías, sus anécdotas y sus amores.
En el mundo cultural/musical, el bolero es negro: pega con todo: desde el jazz al flamenco, y la explicación no será científica pero es sentimentalmente correcta: El bolero es la expresión vencida de los amores ciertos y por ciertos dolientes, mágicos, impertinentes, desgarradores. El bolero es la vida en tres minutos y por las dudas, un botón, por preguntarle, para que responda Silvia desde el viejo San Juan o la gloria:
¿Y entonces? Recuerda que tan solo de verme tu temblabas/ si me quisiste así, pobre de ti, si es que ahora tratas de olvidar. Se ve que no conoces, que poco tú has vivido, te advierto que es difícil y muy lento este proceso de olvidar./ Y aunque un aparente olvido a ti te asombre, dime qué harás cuando alguien sin querer me nombre y esa lluvia de recuerdos caiga en tu alma otra vez Y entonces, si al comenzar el día rehúsas recordarme, pobre de tus noches si las usas para olvidarte de mi.

