Pobres
En casi 47 años de intentos democráticos no recuerda uno un tiempo de tanta desesperanza, de tanto sin camino. Esto no quiere decir que no hayamos tenido peores momentos, gobiernos, partidos, líderes, ciudadanos, es solo que antes, a cada mal gobierno siempre se le aparecía una esperanza.
Así, mientras en sus 12 años Joaquín Balaguer y sus fuerzas incontrolables -bien controladas por él y su Embajada- sembraban los barrios de chicos muertos, de cárceles preñadas de jóvenes torturados, para entonces existía un PRD, -no sé si lo recuerdan-, que era llamado «La esperanza nacional.» (Doña Ivelisse: perdón por la nostalgia.)
Cuando volvió Balaguer en 1986, la esperanza -entre 1990 y 1994- fue un café con leche, don Juan Emilio Peña Gómez, pero no pudo ser.
En 1996, la esperanza tuvo un nombre joven, un barrio capitalino, un buen profesor, decente caballero, una generación uasdiana y sociológica llegó al poder.
Cuando en 2003 se nos desparramó el país, algo de esperanza restaba hacia lo que de Bosch había quedado en un partido concebido por él para crear hombres libres, ciudadanos dignos, honrados, una patria.
Pero pasaron los años, el pragmatismo mató sueños, el poder desnudó realidades. Balaguer fue coronado con los hechos como Rey-Vindicado, y hasta se adquirió su franquicia partidaria con cariño y nombramientos. Bosch fue enterrado para siempre, no recuerdo ahora el lugar. Hablo de hechos.
Lo demás, ya ven, ha sido literatura y buenos versos, ponencias magistrales, como la de Frei Betto en Cancillería, pronunciada con palabras sencillas y sabias, como las de don Juan que, según mis fuentes, las escuchó sentado en su gloria de eternidad, entre Martí y Bolívar. Fidel no había llegado.
Por primera vez en casi 47 años, la patria dominicana se ha quedado absolutamente sin un gramo de esperanza, sin un solo atisbo de fe, un camino, una utopía, un sueño. Ahora sí es verdad que somos pobres, Profesor, ¿comprende?, «¿comprende»?

