Santo Domingo.-El Faro a Colón es quizás el museo más impresionante del país gracias a su imponente y bella estructura de concreto, mármol, hierro y cristal, siendo posiblemente el museo que recibe diariamente más turistas extranjeros y locales, pero paradójicamente la gran mayoría de quienes lo visitan no llegan a entrar a su interior.
A las 11:15 de la mañana, me encontraba frente a la cruz de hormigón que domina el horizonte de Santo Domingo Este. A esa hora el alrededor del monumento era un hervidero de gente. Varios autobuses descargaban turistas que se iban a camina por las explanadas y se tiraban fotos, sin embargo, la mayoría se quedaba en el umbral.
Después de 15 o 20 minutos los visitantes volvían a sus vehículos y se marchan. La explicación no es nada complicada, la gran mayoría de turistas que llegan en estos autobuses vienen del este del país en tours organizados por los operadores turísticos que cubren la ruta Tres Ojos, Faro a Colón y Ciudad Colonial, siendo solo la primera y última parada que incluye el recorrido.
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Para el turista promedio, la majestuosidad arquitectónica del edificio parece ser el atractivo principal.
«Es una estructura tan colosal que la gente siente que ya ‘vio el museo’ con solo caminar por sus alrededores», y hacerse selfis, explica un guía turístico de la zona.
Reabre
Luego de permanecer cerrado temporalmente para una limpieza profunda y acondicionamiento integral, el imponente monumento en forma de cruz luce hoy una cara renovada.
Los trabajos incluyeron la recuperación de las áreas exteriores, la adecuación de los sistemas de iluminación y la limpieza de la estructura de hormigón y así ofrecer espacios más seguros, funcionales y acogedores para los visitantes.
Esta intervención ha devuelto el esplendor a las fachadas que albergan las exhibiciones de decenas de países, permitiendo que el museo esté en condiciones óptimas para recibir a los investigadores y curiosos que buscan conocer los restos de Cristóbal Colón y las salas dedicadas a la historia de América.
Mausoleo
El lugar más atractivo del interior del Faro es el monumento de mármol y bronce donde se encuentran los restos de Colón, que fue creado por dos catalanes: el escultor Pedro Carbonell y el arquitecto Fernando Romeu, y se puede ver sin entrar al monumento.
Dos leones negros que custodian los restos, en donde se lee, en inscripciones de oro: “E assi mismo especialmente encargó que su cuerpo fuese sepultado en esta ysla».
Palabras tomadas del testamento de su hijo Diego, realizado en Santo Domingo el 8 de septiembre de 1523. Los restos se encuentran en un cofre negro que está en el centro del monumento y donde, en otra chapa de oro, se lee la fecha de 1492 y, en una más, está el escudo de Colón.
El Museo
El Faro a Colón es un gran museo que muestra la rica identidad cultural de los lugares que, desde el siglo XV, han estado ligados a la historia del Descubrimiento de América, y a otras culturas. Posee unas 50 salas, todas ellas conectadas por el largo pasillo central de la enorme cruz, que representan a más de 40 países.

Las salas están llenas de tesoros arqueológicos y culturales de cada país, que van desde cerámicas precolombinas, réplicas de una canoa taína o de las carabelas de Colón, armas, entre muchas otras piezas de valor histórico y cultural.
“A nuestra llegada al Faro a Colón que fue en el 2020 este museo se encontraba en un estado de abandono tanto interno como externo. Se han hecho varias etapas en la remodelación del museo, como lo son: recuperación de algunas salas de exhibición, se remodeló una parte importante del faro, acondicionamiento de las escalinatas, puertas, climatización”, expresó Eliezer Nolasco, gobernador del Faro a Colon.
Además, el funcionario dijo que monumento fue sometido a una limpieza profunda en toda la edificación. También agradeció la colaboración del ayuntamiento del municipio por su apoyo en la limpieza externa, así como en la seguridad que proporciona en toda el área del faro.
Un apunte
Citas
La fachada principal, que tiene un enorme parecido a una pirámide Azteca, tiene catorce lápidas de mármol con inscripciones de citas bíblicas y filósofos clásicos, que acentúan el parecido del monumento con un gigantesco sarcófago.

