BEIRUT, 15 Set 2012 (AFP) – El papa Benedicto XVI saludó este sábado por primera vez el «coraje» de los jóvenes sirios y exhortó a los pueblos de Medio Oriente a «decir no a la venganza» y a la violencia en una región ensangrentada.
En el segundo día de su primera visita a Líbano, el Sumo Pontífice pidió por la coexistencia entre musulmanes y cristianos, exhortando a los jóvenes cristianos a no emigrar y a que vivan su fe en su país.
«Entre nosotros hay jóvenes provenientes de Siria. (A ellos) quiero decirles cuanto admiro su coraje», dijo el Papa en su discurso en un encuentro con unos 15.000 jóvenes cristianos en la sede del patriarcado maronita de Bkerke, al norte de Beirut.
«Digan a sus familias y a sus amigos que el Papa no los olvida. Digan que el Papa está triste a causa de vuestros sufrimientos y vuestro dolor. Que no olvida a Siria en sus oraciones y en sus preocupaciones», agregó en una declaración sin precedentes.
El Papa tampoco «olvida a los que sufren en Medio Oriente. Es tiempo que musulmanes y cristianos se unan para poner fin a la violencia y a las guerras», señaló.
«Es un lindo mensaje pero quisiéramos que no sean únicamente palabras sino también actos para detener la violencia», declaró Jacqueline Saade, una siria de 25 años.
En una atmósfera alegre en donde se alternaban cantos y danzas religiosas, el Sumo Pontífice parecía visiblemente alegre en medio de jóvenes con gorros blancos en los que estaba escrita la frase del Papa «les doy mi paz».
Dirigiéndose a los jóvenes cristianos y musulmanes reunidos en la explanada, el Papa dijo: «el conjunto de Medio Oriente tiene que, al mirarlos, comprender que los musulmanes y los cristianos, que el islam y la cristiandad, pueden vivir juntos sin odio y en el respeto de las creencias de cada uno para construir juntos una sociedad libre y humana».
Luego, exhortó a los jóvenes libaneses cristianos a no emigrar de su país, que en los últimos 25 años vio partir regularmente a sus nacionales. Más de 9 millones de libaneses o de origen libanés viven en el extranjero mientras que en El Líbano son unos 4 millones de habitantes.
«Incluso el desempleo y la precariedad no deben incitarlos a probar la miel amarga de la emigración, con el desarraigo y la separación para un futuro incierto. Tienen que ser actores del futuro de su país y cumplir un rol en la sociedad y en la Iglesia», dijo.
Por la mañana, Benedicto XVI habló en el palacio presidencial de Baabda, cerca de Beirut, a varios centenares de personalidades del mundo político, religioso y cultural del país, entre ellos dirigentes de las comunidades musulmanas.
«Hay que decir no a la venganza, hay que reconocer nuestros errores, aceptar las disculpas sin buscarlas y, en fin, perdonar», afirmó Benedicto XVI.
El Papa, que centró su intervención en las condiciones religiosas y sociales que pueden favorecer la paz en toda la región, pidió «desterrar la violencia verbal y física».
«Esta es siempre un atentado contra la dignidad humana, tanto del culpable como de la víctima», añadió sin evocar directamente las últimas violencias provocadas por la película que denigra el islam.
«En el Líbano, el cristianismo y el Islam habitan el mismo espacio desde hace siglos. No es raro ver en la misma familia las dos religiones. Si en una misma familia es posible, ¿por qué no lo puede ser con respecto al conjunto de la sociedad?», pidió en su discurso el jefe de la Iglesia católica, en un país donde cerca del 65% de la población es musulmana y el 35% cristiana.
Por su lado, el presidente Michel Suleiman, único jefe de Estado cristiano en el mundo árabe, pidió que en Medio Oriente la democracia «asegure a los diferentes componentes del mundo árabe, incluido el cristiano (…), participar en la vida política y en la gestión pública, independientemente de su proporción numérica, y sobre la base de la ciudadanía (…)».
«La especificidad del Medio Oriente se halla en la mezcla secular de diferentes componentes», defendió el Papa. El domingo, el Papa oficiará una inmensa misa en Beirut, poniendo fin a su visita a El Líbano.

