Por Juan Taveras Hernández JUANTH04@hotmail.com | Lo he dicho otras veces. Otros también lo han expresado, tal vez con más propiedad que yo: Luis Abinader está gobernando solo a pesar de estar rodeado de dirigentes de su partido y de colaboradores que lo han acompañado durante toda su vida política.
Está solo rodeado de gente. Y de gente buena, en la mayoría de los casos. Pero como también he dicho en otras ocasiones, de buena gente, de imprescindibles, está empedrado el camino hacia el infierno. Los cementerios están saturados de imprescindibles, viendo desde sus tumbas, como el mundo sigue girando, y la vida sigue igual.
Abinader ha gobernado solo tanto dentro de su partido como fuera; prácticamente sin oposición. La crisis económica y sanitaria se convirtió en su aliado, tanto para ganar las elecciones, como para gobernar sin mayores obstáculos. Pero esa situación ha ido cambiando. El país marcha hacia la normalización. La oposición se prepara para la embestida.
Los cañones están listos para disparar al Palacio Nacional para sacar al presidente Abinader que buscará -sin duda- un segundo mandato, para lo cual tendrá que organizar sus tropas que están en el PRM, tropas que están dispersas, sin el avituallamiento necesario, sin los centros de mandos requeridos, y por lo tanto sin la disciplina para los combates que vienen, que amenazan ser cruentos.
Es el momento, pues, de pensar en el partido, en su dirección, media, intermedia y central, en sus bases a nivel nacional. Ha pasado un año. Mucho tiempo para gente que espera, no una caridad en fundas alimenticias, bonos y otras ayudas, la gente quiere trabajo en un Estado que se convirtió en el mayor empleador del país.
Todo el que hizo campaña, recorrió calles y carreteras, caminos en caravanas, concentraciones, etc., espera una retribución.
Nadie hace campaña por amor a la patria. El que dio cien pesos en la campaña, quiere que ahora le den mil. El empresario, comerciante, etc., que entregó diez millones, quiere 100 millones, facilidades aduanales y fiscales. Así son las cosas hoy día. Si no les dan lo que consideran merecen por sus aportes de campaña, son capaces de cualquier cosa. Esperarán pacientemente la próxima campaña electoral para dar el zarpazo.
Las bases del PRM están desarticuladas, divididas, disgustadas e indisciplinadas. Hay que hacer lo necesario para revertir los daños causados. Cuando se profundice la crisis económica, cuando las conspiraciones, las protestas, las huelgas y otros movimientos organizados por el PLD, la Fuerza del Pueblo y otros partidos de oposición para desestabilizar el gobierno, Abinader tendrá que contar con su gente, es decir, con los militantes y simpatizantes del PRM.

