La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, lo cual significa que todo régimen que se aparte de ese postulado, no debe ser llamado democrático.
La democracia dominicana es relativamente joven, pues han transcurrido menos de cincuenta años desde que se inició, a partir del ajusticiamiento del tirano. La lucha para establecer y afianzar los principios democráticos en nuestro país, ha sido titánica, con millares de muertos, presos, torturados, deportados y humillados. La economía no ha estado al margen de esa lucha, pues se han librado grandes batallas para lograr una mejor distribución de la riqueza. Hoy, tenemos una creciente pobreza.
Creíamos que a partir del 30 de mayo de 1961 se lograrían los cambios necesarios para establecer la justicia social con libertad, pero no ha sido así. Hay un ambiente de libertad, a menudo confundido con el libertinaje, pero de ahí a que hayamos logrado aceptable mejoría económica para las mayorías, hay gran trecho.
Uno a veces se sorprende con las estadísticas, que demuestran los cientos de miles de millones de pesos recaudados por los gobiernos, sin que veamos avances significativos en la salud, la educación, la vivienda, la energía y otros servicios. Pero sí hemos visto cómo, en pocos años, muchos políticos se han enriquecido a costa del erario, y con el dinero de los contribuyentes a través de la financiación de los partidos.
Uno pregunta por qué, a pesar del liderazgo de una persona, tiene que pagar una elevadísima cuota para que tal o cual partido acepte postularla. ¿Es eso democrático? Los dirigentes se reservan candidaturas para asignarlas a quienes ellos consideren, sin necesidad de asambleas o convenciones. ¿Es eso democrático?
La Junta Central Electoral hace lo posible para organizar un proceso electoral limpio, pero siempre aparecen excusas de los partidos para no incluir a las mujeres en la proporción del 33% establecida. Es una ofensa y un discrimen decir que en muchas jurisdicciones no hay mujeres capacitadas.
Habrá minoría, pues generalmente a las mujeres las inscriben en la rabiza, y nunca logran los votos necesarios. Si inscribieran una mujer por cada tres hombres, en orden descendente, sería diferente.
Los partidos contravienen los postulados. Mientras así actúen, es difícil aceptar la validez de que la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

