Una nueva esperanza expone Muhammad Yunus, en su reciente libro titulado Las empresas sociales. Se trata de un sueño y una línea de acción que transformaría el mundo en un lugar más justo.
Aunque tal vez la palabra más adecuada sea conquistarlo, pues con la voluntad de acción de muchos, propone hacer del planeta un lugar en el que, a los ojos de la posteridad, el pobre y la pobreza quedarán relegados a los museos en forma de réplicas de yesos y acuarelas de esa especie social ya extinta.
No se trata de cuentos rosas o una apuesta romántica extrema al buen corazón de los hombres y mujeres. El premio Nobel de Bangladesh, creador del Banco de los Pobres (Grameen Bank) explica su nuevo concepto de empresas sociales, gestada de su fecunda experiencia de emprendurismo social entre las comunidades condenadas por la pobreza y exclusión en el País de Bengala.
Y como prueba de la vitalidad de ese nuevo concepto, recrea la fundación de una larga lista de empresas sociales exitosas que ha cambiado el rostro de la pobreza en muchas comunidades de ese país asiático y de otros lugares del mundo.
Todas tienen por único objetivo resolver problemas sociales específicos, y sus características primordiales son la renuncia a la apropiación privada de las ganancias que generan sus operaciones, su autosostenibilidad financiera, y, por si fuera poco, su condición ineludible de operar y dejarse guiar por la mano invisible del mercado.
Conceptos como éste revolcarían en sus tumbas a los profetas de la enemistad irreconciliable entre capitalismo y justicia social, y hundirían los pilares del capitalismo tradicional que reducen la misión de la naturaleza humana a los objetivos egoístas de obtención de riqueza material y de maximización de beneficios.
Pero Yunus intenta reconciliar tales extremos al considerar la naturaleza humana como fundamentalmente buena, lo que incluye a los triunfadores del capitalismo depredador, en tanto son seres humanos.
De este modo, el banquero de los pobres cuestiona el supuesto fundamental del capitalismo tradicional, tan puesto en boga durante décadas de tsunamis neoliberales, consistente en el carácter unidimensional egoísta de la naturaleza humana.
En otras palabras, no es el dinero lo único que mueve el mundo, también lo hacen la compasión, la solidaridad, y la necesidad innata de darle un sentido transcendente a la vida.
El marco filosófico de su propuesta rescata el convencimiento de que el humano es un ser multidimensional en el que coexisten el interés y el desinterés al mismo tiempo. Su felicidad procede de muchas fuentes, no solo de su capacidad de hacer dinero, afirma.
Así que además de las humildes aportaciones de humildes ciudadanos con almas de emprendedores sociales, (de los cuales Yunus representa uno de los paradigma más notable, al crear el microcrédito en Bangladesh con pequeñas cantidades de takas sacadas de sus bolsillos), identifica como fuente de capital para las empresas sociales a los gobiernos, a las fundaciones sin fines de lucros, a las cooperativas, a las asociaciones comunitarias, a las organizaciones no gubernamentales, y a los conquistadores de la cima capitalista como son las grandes corporaciones industriales y financieras transnacionales, los filántropos ricos y magnates tan emblemáticos como los Bill Gates y los Warren Buffets del mundo.
El capitalismo ha creado la pobreza al centrarse exclusivamente en la ganancia, dice Yunus. Aunque la solución sistémica que propone a esa realidad parece ser una contradicción a la lógica tautológica, pues si es verdad que la naturaleza del capitalismo consiste en la búsqueda de la máxima ganancia (lo que es un hecho demostrado hasta la saciedad en más de 200 años de capitalismo) entonces siempre será verdad que el capitalismo, como sistema, será generador de pobreza para una gran parte de la humanidad.
En su libro, Yunus expone una gran cantidad de casos de empresas sociales, creadas por Grameen Bank en sociedad con empresas capitalistas.
En el libro desfilan Grameen Adidas (en alianza con la transnacional del calzado Adidas) que busca asegurar la oferta de zapatos asequibles para las personas de bajos ingresos, de modo que se pueda asegurar que niños y adultos dejen de andar descalzos.
También cita la experiencia de Grameen Dadone, en alianza con el español Grupo Dadone, fabricantes de productos lácteos.
Esta empresa social produce y vende a bajos precios yogur enriquecidos con micronutrientes que combaten la desnutrición entre los niños de Bangladesh.

