Opinión

En este 2016 la clave 16-20

En este 2016  la clave 16-20

Cual acertijo, la combinación del año con el próximo cuatrienio se nos presenta como un rompecabezas. Pero es, más bien, un desafío a la razón. Un llamado a la atención de las fuerzas organizadas que intervienen en el presente proceso electoral para que sean puestos en la mesa de discusión una serie de aspectos echados a un lado, a pesar de garantizar la salud y permanencia de las instituciones democráticas.

Nos referimos a un nuevo código político, incluyente y equitativo, compuesto por una nueva ley de partido y otra electoral. Instrumentos que encontrarían consistencia en la Constitución, siempre y cuando sea respetada. Fortalecida en la constancia o permanencia que, en sociedades organizadas, caracteriza toda ley sustantiva. Las constituciones y las leyes hechas a la medida debilitan y corroen el orden político, ni qué decir del económico. Pero esto importa poco a dirigentes más ocupados en engrosar sus patrimonios que en procurar el bienestar de las mayorías.

Estos cuatro años, prometidos en la propuesta electoral de mayo próximo, constituyen, pues, un enorme desafío para líderes y candidatos. La ilustración se impone a la ignorancia, y los buenos dominicanos a los malos dominicanos. Esto conduce, inevitablemente, a una solución definitiva: buenas propuestas nacionales, parlamentarias y municipales deben enfrentarse y vencer el derroche, la violencia y el terror que permiten el uso abusivo del poder y pueblos envilecidos, tan insensibles como sonámbulos.

La cuestión que se nos presenta como un rompecabezas incomprensible o como un callejón sin salida, encuentra solución en el orden, la determinación y la razón. Suena bonito y simple, pero la respuesta no es otra. El problema derivado del abuso de poder, expuesto por el propulsor del humanismo renacentista Tomás Moro, en su Utopía, no es otra que la discusión y el ejercicio democrático.

El reto se plantea en la forma de discusión y participación de los sectores comprometidos con el desarrollo y crecimiento del país. Un asunto tan serio como este no se le puede dejar solo a los partidos y a los políticos.

Es necesario involucrar, como Moro en su inventada isla Utopía, toda la geografía y urbes dominicanas, la agricultura, la producción, las finanzas, el trabajo, en fin, el componente social, económico y político que nos da sentido como Estado.

La cuestión estriba en articular un plan que convoque y sensibilice a esos sectores, en torno a un proyecto de cambio verdadero cuya consistencia supere las naturales vocinglerías de campaña basadas en lemas proselitistas, pasajeros y utilitarios como el propio periodo preelectoral.

El Nacional

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