La situación es más o menos simple: la región del Sur cuenta con los más extraordinarios paisajes y atractivos ecoturísticos, tiene condiciones para recibir por mar y por aire buques y aviones, tiene una red de carreteras que están a la altura o que requerirían de muy poca inversión para completar su funcionalidad frente a un incremento del turismo, atesora una historia memorable y está constituida por comunidades amables, necesitadas de trabajar y dispuestas a capacitarse en función de producir el sustento diario a partir de mostrar y hacer que los visitantes disfruten el mundo regional maravilloso y que para los pobladores es una rutina.
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Ya es tiempo de arrancar en firme con el ecoturismo de la Región Sur. De las palabras a los hechos. Esa es la necesidad.
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El inventario de los atractivos del Sur se hace extenso: Playas con piedras en lugar de arena, bosques húmedos, balnearios de aguas frías y vías panorámicas de gran belleza. Desde que se inicia el trayecto hacia el Sur, ya en San Cristóbal hay mucho que ver y disfrutar: balnearios como La Toma, monumentos que recuerdan la tiranía trujillista y los pasteles en hoja, para resumir de un plumado el potencial sancristobalense, Al pasar por Baní, se llega a la tierra de los dulces más dulces y al tesoro de las Dunas, el patrimonio histórico que supone tener a Máximo Gómez como hijo predilecto. Azua ofrece desde playas hasta su chivo guisado, además de su historia colonial ignorada. Barahona ofrece al visitante el Mirador de Paraíso, una vía panorámica que comienza en la ciudad de Barahona y atraviesa las costas de los municipios La Ciénaga, Paraíso y Enriquillo, todos con grandes atractivos paisajísticos y ecoturísticos.
Están por allí la Casa Bonita, se duerme en la Casa de Tarzán y se ofrecen los balnearios San Rafael y Los Patos. Más allá figura la Playa de Paraíso y nada que decir de Pedernales y Bahía de las Águilas y el Hoyo de Chulín.

