En agosto pasado, el Ministro de Defensa informó que la decisión de participar en Afganistán no ha sido tomada por el gobierno colombiano, dado que se encuentra apenas en una fase de análisis. Para el análisis, viajaron al escenario de guerra 7 oficiales dirigidos por el general Gustavo Matamoros, jefe de Operaciones del Ejército. El presidente Álvaro Uribe Vélez informó, personalmente, que había recibido una solicitud de enviar a Afganistán expertos en minas antipersonas y especialistas en erradicación de cultivos ilícitos. La reciente visita del jefe de Estado Mayor Conjunto del Ejército de Estados Unidos, Michael Mullen, revela que ya finalizó el análisis.
Mullen dijo que conversó con el ministro de Defensa Juan Manuel Santos y el comandante de las Fuerzas Militares, Freddy Padilla sobre el compromiso colombiano de enviar tropas a Afganistán.
Ésa es la verdadera historia de la participación de Colombia en la ocupación a Afganistán. Todos los demás elementos son accesorios. Entre los accesorios hay que nombrar la carta que envió Uribe al secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN; el envío de una comisión a la OTAN, y la reciente reunión en la que Jaap de Hoop Scheffer aprueba la participación de Colombia.
El interés de Álvaro Uribe y sus similares, radica en que se trata de un proyecto eminentemente estadounidense. La ultraderecha dominante en la Administración Bush creó lazos permanentes con los aliados de la zona.
El sector ultraderechista de Colombia hizo la gestión a través del presidente Uribe y de representantes como el oligarca ministro de Defensa Juan Manuel Santos y Luis Alberto Moreno, quien salió de la Embajada en Washington para la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo.
Era conocido que el gobierno que sustituyera a la Administración Bush comenzaría a retirar las tropas de Irak y aumentaría la presencia militar en Afganistán. Participar en la fuerza de ocupación es, pues, hacer un servicio importante al gobierno encabezado por Barack Obama. Un gobierno servil y sin principios y una oligarquía que cuenta con el apoyo de Estados Unidos para combatir a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y a otros grupos guerrilleros, no han vacilado en ponerse a la orden del poder hegemónico.
¿Qué papel pueden jugar en la región ese gobierno y esa oligarquía si no el de desestabilizadores de los gobiernos hostiles a Estados Unidos? No son fortuitas, pues, las fumigaciones con glifosato y las incursiones militares de Colombia en los países vecinos, y no fortuito que el ultraderechista presidente de El Salvador, Tony Saca, se empeñara en integrar a su país, justo el año pasado, a un proyecto de ocupación en la frontera del Líbano con Israel.
El Salvador decidió (¿decidir es el verbo?) el año pasado enviar al Líbano un grupo de soldados para hacer número en la Fuerza Internina de Paz de las Naciones Unidas. En enero pasado envió un segundo contingente. La cobija en este caso es la ONU.
Colombia, con grupos guerrilleros en su interior, entra con la cobija de la OTAN y apoyada en la decisión de reforzar la presencia militar estadounidense. Formará parte de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad de Afganistán.
La intención de los gobiernos de El Salvador y Colombia, es, sin embargo, la misma. Hay que anotar que las fuerzas extranjeras en Líbano están ubicadas en la frontera con Israel y que Afganistán es de alto interés geopolítico para Estados Unidos.
La reconstrucción, la paz y el orden, son zarandajas, la causa es el servilismo. La llegada de Barack Obama a la Presidencia de Estados Unidos, facilita el uso de eufemismos, pero es demasiado conocido el grupo de canallas entreguistas que comprometen la región en estas aventuras.
Cabe exigir a los gobiernos serviles del área que no sigan la pauta.
En nuestro país, el servilismo del ex presidente Hipólito Mejía y de los jefes militares del momento, envió a Irak soldados en el año 2003. El actual presidente, Leonel Fernández, no emitió desde la oposición condena enérgica. Por el contrario, en el 2004, recién convertido en presidente electo para sustituir a Mejía, dijo que este país es parte del patio trasero de Estados Unidos.
Muestras de servilismo hay en buena cantidad Y asquerosas, por cierto.

