Cerrando otro capítulo de nuestra historia “democrática”, nos encontramos ante dilemas que parecen indescifrables o que el tiempo para poder descodificarlos no ha llegado. Todo esto nos lleva a vivir entre ilusiones y desilusiones cuando observamos como los mismos hechos indelicados se repiten sin que exista ningún tipo de régimen de consecuencias, siquiera por asomo, muy por el contrario, las señales del receptor para el lanzador, son confusas, lo que no le permite reconocer si es base en bolas o lanzamientos lentos.
La política se ha convertido en un tipo de negocio descarado e indelicado donde, sin justificar unos u otros, la duda nos acorrala entre que fue o es mejor. Una Tiranía que supuesta o realmente cohibía libertades y masacraba a sangre y fuego a sus contrarios, enemigos o amigos, que por intereses personales se convertían en los primeros.
Nos han enseñado que la dictadura fue mala y criminal, que mataba y encerraba inocentes y que por otro lado, había plena seguridad en las calles y el robar, estaba confinado solo a los familiares y amigos del tirano. Bien de bien, si nos circunscribimos a estos hechos pero, y qué ha pasado después.
¿Se ha detenido el robo? Definitivamente que la respuesta seria un rotundo no. En cuanto a los crímenes tendríamos que decir aquello de que no solamente con torturas y encerramientos políticos se cometen sino, que hemos asistido a otro tipo de crimen, aquel que se comete haciendo padecer hambre con la pobreza extrema, inducida por la corrupción y el clientelismo político; con la repartición selectiva de la mejor educación donde una nueva generación ha estudiado en las mejores universidades nacionales y extranjeras pagados del erario, a expensas de todo un pueblo mísero, que solo observa como sus hijos reciben la educación más cara y mala que se pudiera imaginar, en tanto, la nueva casta, ocupa las mejores posiciones debido a su alta preparación y que nadie cuestiona el cómo ha sido la misma.
Aunque bien lo dijo una súper poderosa, perteneciente a la selectiva claque que mal nos gobierna, cuando de manera descarada, manifestó, que las becas del gobierno eran para los pobres miembros de su partido, entonces qué.
Con relación a las muertes tendríamos que detenernos a diferenciar los distintos modos con los cuales se pueden causar la muerte, ya que no solo se mata físicamente sino que, matar la esperanza y los sueños de un ser humano es peor mil veces que la muerte física.
Teníamos institucionalidad y no fue precisamente la dictadura –me refiero a la de Trujillo- quien la asesinó, sino, aquellos picos de oro que se presentaron como “predestinados” por el destino, para enriquecerse impunemente con los dineros del pueblo, donde, hasta las Fuerzas Armadas, instrumento fáctico para imponer el monopolio de la violencia, hoy, no son ni reflejo de organismo armado alguno.
Las leyes, en esta coja democracia, han servido solo como papel de baño, con el cual los ostentadores del Poder que le ha conferido el pueblo, se han limpiado sus traseros.
Y es que sin instituciones fuertes y con incontables cadenas de negocios políticos es que se ha mal desarrollado nuestra democracia y hoy, tal parece, que siquiera la famosa Victoria Nueva y remozada, verá alguno de estos creadores de falsas ilusiones y criminales acciones vandálicas, comenzando por quien ha sido el precursor de las más desquiciadas acciones de abuso e impunidad, pero que al parecer, basados en conceptos y creencias mal infundadas, aunque bien intencionadas, premiarán, si, premiarán. ¡Sí señor!

