Separar la ciencia de las religiones es un axioma. Desde que inicié mis estudios de medicina, hasta hoy, no he leído libros científicos donde le adjudiquen las causas o curas de enfermedades a dios.
Durante el Congreso Nacional de Ginecología del presente año, un pastor evangélico dio la bendición del encuentro. Todas y todos debieron ponerse de pie. Con el salón repleto, y con invitados internacionales, consideré una falta de respeto someter a toda la asistencia a un culto religioso del cual no fue informado.
A uno de los más prestigiosos invitados internacionales, el doctor Roberto Ahued Ahued, legendario ginecólogo mexicano, le pregunté si alguna vez había participado en un congreso médico donde se presentara una oración religiosa. Su respuesta fue negativa, en 60 años de ejercicio médico, viajando por el mundo.
En otra ocasión me tocó asistir como invitada a la entrega de guardia del Hospital de Maternidad Nuestra Señora la Altagracia. Esta reunión es el acto más solemne de debate científico, donde se presentan las pacientes atendidas en el hospital en las últimas 24 horas. Una fiesta de las ciencias medicas. Para mi total asombro, se inició el programa con una oración, donde todas y todos estuvimos de pie. Las y los médicos en formación no tienen potestad para negarse a acatar las normas de la institución.
Como parte del programa de ginecología y obstetricia, trabajé en dicho hospital cuando era su director el doctor Vinicio Calventi. No teníamos que rezar en las entregas de guardia. Durante mi entrenamiento en el Hospital Central de las Fuerzas Armadas, en la pasada década de los noventa del siglo XX, tampoco se iniciaba la entrega de guardia con una oración. Es un evento eminentemente científico, donde las creencias religiosas son personales, no institucionales.
Para continuar la historia. He sido jurado de algunos exámenes de tesis de medicina de la UASD. Como parte de la costumbre, las y los sustentantes públicamente invocan a dios para presentar su tesis de medicina. Vaya evento científico.
Todas y todos tenemos derechos a pertenecer a la religión que más nos ayude a vivir, pero someter a este discurso a la comunidad científica, en las universidades o en los hospitales de formación, es más que un retroceso.
En nuestro país la ciencia está rompiendo con sus máximas, para engancharse en un conservadurismo eclesiástico. Los espacios científicos, son para la ciencia. La medicina se basa en evidencia comprobable, no en fe.

