A la actual crisis financiera que a escala planetaria golpea a la humanidad se suma la otra crisis de consecuencias sociales igualmente graves y peligrosas.
Nos referimos a la insuficiencia y falta de seguridad alimentaria que se ha hecho sentir en todas las regiones del globo.
Los países pobres, de economías débiles y con sistemas políticos incompletos como el caso de la República Dominicana deben apurar el paso y acercarse a una búsqueda real de soluciones y esquemas racionales de convivencia y satisfacción ciudadanas.
Los dominicanos sentimos temores en cuanto al incumplimiento, a cabalidad, de las funciones gubernamentales de representar y legislar, de juzgar y arbitrar; de formular y ejecutar políticas, y de controlarse mutuamente; a esto se suman la deficiencia de medidas efectivas para el manejo de los desafíos actuales, tanto como la insatisfacción y aspiraciones de las grandes mayorías por alcanzar niveles de desarrollo más equitativos, más justos.
Todavía en el país no se ha tomado real conciencia de los problemas y perspectivas del calentamiento global y sus dramáticas consecuencias en un inmediato presente.
Hay informes de que en determinadas región del África ya se estado peleando por el agua, en guerras con miles de muertos; que los hombres se están alimentando de gusanos que extraen de árboles y maderas.
Son estos desafíos de carácter natural los que afectarán el ecosistema, la biodiversidad y el medio ambiente en general, sin que podamos hacer mucho por carecer de los recursos necesarios y de la educación pertinente.
Debemos detenernos además a reflexionar sobre el peligro del otro ecosistema en el cual nos movemos: el ecosistema político-social.
Debemos cuidar por todos los medios la gobernabilidad democrática que nos hemos dado los dominicanos, teniendo siempre presente que para que tengamos gobernabilidad es necesario gozar de credibilidad y legitimidad.
En la actual coyuntura sentimos que una grave amenaza ronda el ambiente político y en ocasiones se ignora o se disminuye su peligrosidad: esa amenaza la constituye la presencia creciente de sentimientos de incredulidad, insatisfacción, desconfianza ciudadana en las instituciones políticas.
