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Graduación escritoras anticanon

Graduación escritoras anticanon

Chiqui Vicioso

Este miércoles 21, en la sala Carmen Natalia Martínez Bonilla, de la Biblioteca Nacional, participé en la graduación del primer grupo de escritoras que participaron en un taller sobre Escritura Creativa, en el Centro Bonó.

Se graduaron 31 compañeras, pero lo más interesante es que también se graduaron escritoras boricuas, panameñas, y bolivianas, entre otras naciones, quienes como parte de la graduación leyeron un texto  testimoniando su alegría y emoción,

Un sacerdote jesuita, que es el director del alto Centro de Estudios Bonó, con nivel universitario, abrió la actividad celebrando la iniciativa y que, en medio de la pandemia, hicieran un taller que las certifica como escritoras graduandas, entendiendo que ese es apenas un primer pasó en su vida como escritoras.

Tanto Lauristely como Michelle Ricardo, coordinadoras del curso, irradiaban felicidad, al igual que Ibeth Guzmán, profesora del curso. Yo, como madrina de la graduación, comencé mi lectura leyendo un poema de Rosario Castellanos, la gran poeta y escritora mexicana:“Meditación en el umbral”

No, no es la solución tirarme bajo un tren como la Ana de Tolstoi/ ni apurar el arsénico de Madame Bovary/ ni aguardar en los páramos de Ávila la visita del ángel con venablo antes de liarse el manto a la cabeza y comenzar a actuar.

No concluir las leyes geométricas, contando las vigas de la celda de castigo como lo hizo Sor Juana.  No es la solución escribir, mientras llegan las visitas, en la sala de estar de la familia Austen/ ni encerrarse en el ático de alguna residencia de la Nueva Inglaterra/ y soñar, con la Biblia de los Dickinson debajo de una almohada de soltera.

Debe haber otro modo que no se llame Safo/ ni Messalina ni María Egipciaca/ni Magdalena ni Clemencia Isaura.

Otro modo de ser humano y libre. Otro modo de ser.”

El poema precedió mi ponencia sobre una desmitificación necesaria de la literatura escrita por mujeres, que parte de una comparación entre las críticas de un escritor conservador: Joaquín Balaguer, en su Antología de Poesia dominicana; y el libro estudios de poesia dominicana de José Alcántara Almánzar. 

Curiosamente, cada uno analiza la obra poética de Salomé Ureña de Henríquez; de Carmen Natalia Martínez Bonilla y Aida Cartagena Portalatin, coincidiendo en sus criterios críticos porque parten de Menéndez y Pelayo y su visión y división de la producción literaria femenina en “mayor y menor”, “universal y doméstica”, algo que nunca se ha implementado, o se le ha aplicado, a la literatura masculina.

El jueves comienza su tercer encuentro de mujeres escritoras, con 250 escritoras de todo el país, y la diáspora.

El Nacional