El gobierno de Haití hace algunos años viene provocando a la República Dominicana, con actitudes desafiantes, violaciones a la línea limítrofe en la frontera, promoción de la inmigración ilegal y asesinatos de militares destacados en la frontera, en una conducta recurrente que nunca ha recibido una respuesta contundente de los gobiernos dominicanos.
Las autoridades haitianas lucen envalentonadas frente a nuestro ordenamiento jurídico. Ahora anuncian la construcción de un canal en el río masacre, represando sus aguas para construir una presa en su territorio, represando el río Masacre, una obra que harán por encima de la cabeza del gobierno, le guste o no a las autoridades, pues alegan que Haití no tiene agua y su población necesita del líquido, una situación que fue pronosticada por un organismo internacional hace algunos años, dado que el país vecino carece de bosques y no tienen fuentes acuíferas porque viven en un desierto.
En Haití los ríos están secos y la desertificación de su suelo no es culpa de los dominicanos, sino las consecuencias de un Estado fallido que fue sustituido por bandas de crimínales que asesinan y secuestran tanto a sus connacionales como a los visitantes, principalmente a los religiosos de las distintas Iglesias que están establecidas, algunas de ellas se han visto precisadas a suspender los cultos por temor a los pandilleros.
El río Masacre nace en territorio dominicano en la montaña Pico del Gallo, en Loma de Cabrera, de Dajabón, y desemboca en la bahía de Manzanillo, en Montecristi. Los haitianos plantean que las aguas del río significan sustento y seguridad para sus ciudadanos. Sin embargo, tal acción perjudica a la República Dominicana que gasta cuantiosos recursos para preservar su vegetación y desarrolla una incesante labor de siembra de árboles, los cuales posteriormente los haitianos los cortan para hacer carbón.
El proyecto de canalizar el agua del Masacre fue ordenado por el propio presidente de Haití, Moise Jovenal, conforme declaró un funcionario de su gobierno, pero resulta sospechoso que los haitianos tengan una actitud levantisca y desafiante contra el país, dado que puede inferirse que cuentan con un plan macabro para defender su obstinación, pese a las consecuencias que podían derivarse de una iniciativa que viola un pacto entre ambas naciones.
Quizás cuentan con su pequeño Ejército, sus bandas crimínales y los dos millones de inmigrantes ilegales que están organizados para participar en cualquier conflicto entre los dos países, y es peligro que hemos insistido en un proceso de deportación masiva, respetando sus derechos inherentes a la persona humana, a fin de evitar que nuevamente que el Masacre se Pase a Pie, como ocurrió con la repudiable matanza que hizo Trujillo en el año 1937.
Por: Hugo A. Ysalguez
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