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Es evidente que el doctor Guido Gómez Mazara, transita una etapa de madurez política y aceptación en el sentido lato de la palabra, sin transigir su defensa frontal en aspectos medulares de la sociedad dominicana.
Duras fueron sus aseveraciones en su artículo ‘’ Jauría mediática’’ del periódico ‘’ Hoy’’, donde critica acremente la formación de estructuras mediáticas, cuyo interés principal es su rentabilidad económica, creando una creciente y preocupante descomposición que hiere la ética del ejercicio de comunicar amparado siempre en la verdad.
Obviamente que sus críticas no van dirigidas a la sociedad sueca, sino a la sociedad dominicana, que ya alcanza niveles alarmantes de degradación con un alto número de ‘’ Ciudadanos periodistas’’, –Youtubers-, como diría Ignacio Ramonet, que han constituido del mensaje una mercancía.
En nada se fortalece el sistema democrático, sobre la base de querer venderle a la sociedad, aspirantes a candidaturas presidenciales sin la capacidad necesaria para el manejo de las complejidades del Estado.
Existe un ejército de opinantes públicos que pretenden por mandato expreso, querer cambiar los vicios en virtudes de algunos aspirantes, pero siempre habrá una parte de la sociedad que exigirá candidatos que exhiban un pensamiento crítico, y una conexión con Edgar Morín, quien, a sus 103 años, todavía nos da lecciones de moralidad.
Se necesitan condiciones de estadista para debatir con propiedad la problemática del hambre mundial, los principios de los derechos humanos, medio ambiente y el nuevo orden a la luz de la inteligencia artificial entre otros temas acuciantes.
Hace algunas décadas, Harold Lasswell había presentado la teoría de la aguja hipodérmica, como una nueva vía para formar una opinión pública inducida. Un mensaje inyectado constantemente, en procura de una respuesta deseada. Lasswell era un genio en materia de comunicación, pero en el caso de la República Dominicana, se trata de una vulgar manipulación, que busca vender a la sociedad dominicana, candidatos presidenciales que deben formarse académicamente. Ese no es el caso de Guido Gómez Mazara.
Ramón Rodríguez
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