Observar la pintura de John Lewis es sumergirse en un mundo mágico, donde el rostro de un anciano que vemos en un primer vistazo, de pronto se convierte en un paisaje donde no falta la figura humana.
Mi pintura lleva siempre un mensaje, un sentimiento que puede ocurrir en cualquier parte del mundo, dice el artista que pinta desde los ocho años de edad.
Afirma que su estilo es surrealista, compuesto de realismo e ilusionismo.
Explicó que durante mucho tiempo estuvo buscando ese estilo diferente que lo identificara y que finalmente encontró en el abstracto figurativo. Lewis, que ha participado en colectivas en Puerto Plata, Santo Domingo, Río San Juan y otros puntos del país, se define como autodidacta.
Señala que las críticas a su obra han sido buenas, destacando que el maestro Guillo Pérez encuentra que que soy un compositor de la pintura, que combina elementos haciendo piezas originales, mi obra le encantó. Lewis afirma que el surrealismo es su sello de identidad, con el cual quiere trascender y llegar a la gente.
Me identifico con este estilo, es muy original, quiero continuar con este, sostuvo.
Fruto de mucho esfuerzo
Aunque es oriundo de Cabarete, Puerto Plata, John Lewis se traslada a temprana edad junto a sus padres y sus seis hermanos al sector Los Alcarrizos, donde en las noches, mientras todos dormían, amanecía tratando de perfeccionar su arte.
Sus creaciones, como autodidacta, están llegando cada vez más profundo en la perfección del dibujo artístico, lo hace enamorarse cada vez más de lo que para él es sublime, dice José Jiménez, de Artes Proyecto.
En 1982 ingresa a Carla, Cerámica Roja de Don Ángel Miolán, donde aprende a trabajar la cerámica, con el fenecido maestro, Gerónimo Martínez, dibujante, pintor, pianista, escultor y ceramista. En 1989 se traslada a Puerto Plata, donde se destaca como muralista, retratista y escenógrafo de teatros de hoteles de la zona Norte.
Sus obras, que forman parte de colecciones importantes de Europa, muestran un mar infinito de ideas, en la cual este artista de manera indirecta pone en ejercicio la mente de quien la contempla, que viaja por un mundo de composiciones de ideas, que son como un ejercicio mental, que se convierten en unaa diversión celestial.
