BISKEK. AFP. Kirguistán iniciaba el miércoles un luto nacional de tres días por la muerte de unas 180 personas en los enfrentamientos étnicos y esperaba la llegada a la región de un enviado estadounidense para gestionar la creciente crisis humanitaria.
El vecino Uzbekistán, donde se han refugiado ya más de 75.000 personas que huyeron de la violencia entre grupos de la minoría uzbeka y kirguisos, pero que ya solo admite a enfermos o heridos, ha empezado a recibir ayuda humanitaria internacional.
En Kirguistán, el gobierno interino decretó tres días de duelo a partir del miércoles y las banderas estaban izadas a media asta. Según un nuevo balance del ministerio kirguiso de Salud, 187 personas murieron en los enfrentamientos.
En la frontera, en Velkesem, varios cientos de uzbekos, esencialmente mujeres y niños sin pertenencias, se concentraban en los alrededores del puente que une Kirguistán a Uzbekistán, según un periodista de la AFP.
La frontera que pasa por un canal artificial está cerrada y grandes bloques de hormigón y alambradas de espino impiden el paso al puente, en el que se encuentra una decena de soldados uzbekos.
Sólo hay cinco tiendas de campañas para todos los refugiados y una sola cisterna de agua, vetusta y oxidada. Las temperaturas alcanza los 35ºC y los refugiados no tienen comida.
«No recibidos ninguna ayuda. Dormidos en la calle con los niños, incluso bajo la lluvia. Hace cinco días que estamos aquí. Nadie viene. La gente aquí tiene hambre y sed. No tenemos medicinas», relató Mokhindil, de unos cuarenta años.
En N úmerro
75,000 personas de
Uzbekistán se han refugiado huyendo de la violencia de los grupos étnicos.

