Leandro Guzmán
Andor314@yahoo.com
Si las cosas siguen como van, será cuestión de esperar poco tiempo para asistir a la defunción de la clase media, que será siempre recordada como el verdadero soporte de la democracia dominicana.
La clase media se mide por su prosperidad económica, su nivel de consumo, tener casa propia, con hijos en la escuela o en la Universidad, donde adquirirán conocimientos profesionales que les ayuden en el futuro.
Hoy día esa clase media se empobrece cada vez más, por los múltiples impuestos y aumentos de los combustibles, que se reflejan en el transporte de los alimentos y en el precio de la canasta familiar. Otro es el aumento en el costo de los servicios, pues quienes los ofertan también son consumidores. Hay que agregar a esto los gastos médicos y las medicinas, a cuyo acceso no tienen millones de ciudadanos en el límite de su pobreza.
Los empresarios que se niegan a aumentar los salarios a sus trabajadores y empleados parece que son miopes. No se dan cuenta de que mientras más poder adquisitivo tenga la población, mayor será el consumo de los productos que fabrican o importan esos hombres de negocios. El ex presidente Lula, de Brasil, aplicó una política salarial de aumento progresivo y el resultado fue que 40 millones de sus compatriotas salieron de la pobreza, al convertirse en ciudadanos de mediana clase media.
En nuestro país ocurre lo contrario: parecería como si hubiera una línea para acogotar de tal modo a la clase media, hasta que termine en la pobreza, sin tomar en cuenta además que sería una situación muy peligrosa contra la democracia.
Uno no puede más que sonreír cuando el Banco Central habla de que el índice de inflación es mínimo. ¿Será que sus economistas no van al mercado, donde con cinco mil pesos, por ejemplo, se compra la mitad de lo que se podía adquirir el año pasado?
¿Es que no se dan cuenta del aumento en las facturas del servicio eléctrico, cuya tarifa es una de las más caras del mundo? Los incumbentes de la Superintendencia de Electricidad siempre dicen que la tarifa “no ha sido modificada”, pero la realidad es otra. Solamente bastaría con preguntar a los pequeños talleres que pagan la energía, como por ejemplo de herrería, sastrerías, salones de belleza, salas de internet, etc., a ver si es cierto o no lo que esos funcionarios dicen.
Entendemos que lo más deprimente de todo esto es que no se vislumbra una solución a corto plazo ni a mediano plazo para solucionar estos problemas. Dios dirá.
