La Gripe Española, a la que también se le atribuyeron los nombres de La gran pandemia de gripe, La epidemia de gripe de 1918, La pesadilla o La cucaracha, fue una pandemia de gripe de inusitada gravedad, causado por un brote de influenza virus del tipo A y del subtipo H1N1 que mató entre 50 y 100 millones de personas en todo el mundo entre 1918 y 1919.
Hace poco más de un año se publicó en las revistas Nature y Science la secuencia genética completa del virus que provocó esta gripe y se demostró que era de procedencia aviar y se había adaptado al hombre. La de estos días se dice que el virus se incubó en un cerdo y se adaptó a los humanos.
Se cree que ha sido una de las más letales pandemias en la historia de la humanidad. Muchas de sus víctimas fueron adultos saludables, a diferencia de otras epidemias de gripe que afectan a niños, ancianos o personas debilitadas.
La enfermedad se observó por primera vez en Fort Riley, Kansas, Estados Unidos el 11 de marzo de 1918. Un investigador asegura que la enfermedad apareció en el Condado de Haskell, en Kansas en enero de 1918.
Los Aliados de la Primera Guerra Mundial la llamaron gripe española porque la pandemia recibió una mayor atención de la prensa en España, ya que España no se involucró en la guerra y por tanto no censuró la información sobre la enfermedad.
Los científicos han empleado muestras de tejidos de víctimas congeladas para reproducir el virus para su estudio.
Dada la extrema virulencia del brote y la posibilidad de escape accidental (liberación intencionada) de la cuarentena, hay cierta controversia respecto a las bondades de estas investigaciones.
Una de las conclusiones de la investigación fue que el virus mata a causa de una tormenta de citocinas, lo que explica su naturaleza extremadamente grave y el poco común perfil de edad de las víctimas.
La tasa de mortalidad de la pandemia de 1918/1919 no se conoce, pero se estima entre el 2,5 y 5% de la población del planeta, y que el 20% padeció la enfermedad.
La gripe pudo haber matado 25 millones de personas en las primeras 25 semanas; como comparación, el SIDA mató 25 millones en los primeros 25 años. Algunas estimaciones sitúan la cifra final de muertos en más de 50 millones, puede que incluso llegue a 100 millones.
Se estima que sólo en la India murieron 17 millones, aproximadamente el 5% de la población de aquella época y alcanzando una mortalidad del 20% de la población en algunas zonas.
En el Ejército de la India al menos el 22% de las tropas que enfermaron murieron. En los Estados Unidos cerca del 28% de la población padeció la enfermedad y de 500,000 a 675 000 murieron.
En Gran Bretaña murieron 200,000; en Francia más de 400 000. En Alaska y Sudáfrica pueblos enteros perecieron. En Australia murieron 10,000 personas y en las Islas Fiji murió el 14% de la población en sólo dos semanas; en Samoa Occidental el 22%.
Tras registrarse los primeros casos en Europa, al parecer en Francia, ésta pasó a España, un país neutral en la guerra y que no censuró la publicación de los informes sobre la enfermedad y sus consecuencias, de ahí que, pese a ser un problema internacional, se le diera este nombre por parecer en las informaciones de la época que era la única afectada.
España fue uno de los países más afectados con cerca de 8 millones de personas infectadas en mayo de 1918 y alrededor de 300.000 muertes, a pesar de que las cifras oficiales redujeron las víctimas a sólo 147.114.
En México, el estado más afectado por esta epidemia fue el de Nuevo León, en el que del 1 de octubre al 15 de diciembre murieron 5,015 personas, cuando la población en el estado era de 336,000 habitantes.
Aunque la Primera Guerra Mundial no causó la gripe, la cercanía de los cuarteles y los movimientos masivos de tropas ayudaron a su difusión.
Los investigadores creen que los sistemas inmunes de los soldados se debilitaron por la tensión del combate y los ataques químicos, incrementando las probabilidades de contraer la enfermedad.
Un importante factor en la difusión de la enfermedad fue la cantidad de viajes de los combatientes. La modernización de los sistemas de transporte facilitó que los navegantes difundieran más rápidamente la pandemia sobre un abanico más amplio de comunidades.
Los remedios que adoptaban los enfermos, muchas veces, eran caseros. Así, en el pueblecito burgalés de Rabanera del Pinar, se trataban con las llamadas píldoras de la O, jarabe, medicinas caseras, flor de malva, manzanilla o té.

