LA ROMANA. Víctor Méndez bateó un elevadito que atrapó el torpedero Eduardo Núñez, jugada que marcó el último out en la victoria 4-2 sobre las Estrellas Orientales y decretó el final del Torneo de Béisbol otoño invernal dominicano, con la conquista del título para los increíbles Toros del Este.
Esa jugada fue el detonante para que el estadio Francisco Micheli estallara una fiesta con ribetes de locura, que hizo ceder las verjas que impedían en acceso al terreno de juego, ante el empuje de un público enardecido.
Afuera era lo mismo, quizás peor.
La gente abandonó las casas y colmó las calles en un estallido de alegría que hizo insuficiente la bien pertrechada reserva de los colmadones, restaurantes y todo tipo de negocios dedicados al expendio de bebidas alcohólicas.
La gente iba a pie, en carros, motores y jipetas, de un lado a otro, celebrando la obtención de la corona por el equipo de los Toros, 16 años después de su primera experiencia triunfadora.
En las casas no quedaron tapas de calderos y ollas que la gente no tomara para hacer ruido.
Muchos romanenses portaban cañas, en alusión a la Serie Final entre equipos con ingenios.
No faltaron muestras de la creatividad popular, como el desfile del ataúd portando el cadáver del equipo oriental, y el Torito con su escoba barriendo a todo dar.
El bulevar era un mal de gente donde prácticamente no se podía transitar y la música de los vehículos y negocios ahogaba las voces.
El ambiente había sido preparado. Desde temprano el público seguía el juego en cuatro pantallas gigantescas colocadas en lugares estratégicos por la directiva de los Toros. Y encontrar espacio en colmadones y otros negocios se hacía imposible.

