Opinión

Las buenas intenciones frente a la inflación

Las buenas intenciones frente a la inflación

Si en este gobierno hay dos o tres funcionarios con un buen desempeño, tenemos que hablar de Altagracita Paulino. No cabe la menor duda. Cabalga solitaria en medio de un inmundo muladar poblado de funcionarios corruptos y arrogantes. Pero no se trata de ella. Se basta a sí misma con sus invaluables aportes como funcionaria. Viene al caso por mostrarse interesada en que la población controle sus gastos en estas fiestas de fin de año.

 Sorprenden sus buenas intenciones (“De buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”), no porque sean desacostumbradas en ella, sino porque resultan inaplicables en medio de una insostenible inflación que afecta, incluso,  a los individuos más frugales.

 En dos años, los precios de los productos básicos se han triplicado, sin que este fenómeno haya sido registrado por el Banco Central, cuyos informes apenas  reflejan un crecimiento constante. ¿De qué vale enterarnos de que crecemos, si no tenemos para vivir modesta y dignamente?  Una familia con un ingreso de 100 mil pesos tiene que suprimir la diversión y limitar el uso de su auto. Hasta hace poco, esa era una cifra apreciable, buena hasta para ahorrar.

 Por muchos consejos que nos dé Altagracita, no hay forma de ponerlos en práctica. El Banco Central debe transparentar las cifras, y  el jefe del Estado tiene que eliminar el despilfarro en el gasto público.

 Los viajes del Presidente y de la primera dama son más importantes, ahora, que  los pupitres y las pizarras de una escuela. Economías cincuenta y mil veces más grandes que las nuestras tienen uno o dos representantes, mientras nosotros les enviamos veinte o treinta zánganos pagados con el presupuesto nacional, solo porque un amigo, colega o compadre le piden sacar cinco, siete y diez mil dólares mensuales para cubrir los estudios, la buena vida o el alejamiento de un familiar harto de vivir en este país.

 Este, definitivamente, no es un gobierno para funcionarios como Altagracita. Si se me permite el reconocimiento.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación