Como pueblo de este mundo computarizado, los dominicanos sufrimos de olvido momentáneo.
La muerte de cualquier persona, los actos de corrupción, las actuaciones falsas de administradores de la justicia, el abuso, las infidelidades políticas, ocurren, se publican y a los olvidos repentinos.
Los ya veteranos de campañas se dan cuenta de que las masas criollas no son tan brutas para ignorar esta defensa de la vida normal, del desenvolvimiento sin problemas que envuelve la lucha contra la corrupción en todos sus malsanos aspectos.
En cada período de elecciones se aumentan los presupuestos para lograr convencer a mujeres y hombres, con capacidad de voto, acerca de determinados candidato: poseedores una varita mágica con la forma de resolución de todos los problemas que entreña el desarrollo de una nación porbre saqueada, como escriben algunos..
En el ámbito económico, político y social se avista una crisis en los valores familiares. Se manifiesta claramente con los olvidos momentáneos. ¿Está primando la insensibilidad? Los pastores y los párrocos tratan este tema con frecuencia.
¿Cuántos millones se aprestan para que los olvidos momentáneos del pueblos se alarguen y borren, por tanto, los malos acontecimientos en los que se han visto incolucrados, directa o indirectamente, personajes que más bien son responsables del bienestar común?
Pero no se enmarcan en los olvidos hechos como: aumento de los precios de la gasolina, de la factura eléctrica, la venta de los medicamentos para la gripe AH1N1, la seguridad ciudadana, la ecología en Los Haitises, y un etcétera que pasma.
La guerra, así podría calificarse el conjunto de esfuerzos que harán los políticos y asesores para obtener la confianza del voto de los olvidos ¡y cuenta nueva!

