LONDRES. AP. Sus hijos fueron bendecidos con un talento musical que les trajo fama y fortuna. Pero el lunes Barbara Gibb vivió la peor pesadilla de cualquier padre: enterrar a su propio hijo, y por tercera vez. Su hijo Robin Gibb, miembro fundador de los Bee Gees famoso por su sorprendente capacidad vocal y habilidad para la composición, murió el domingo tras una larga batalla contra el cáncer. Tenía 62 años.
Barbara había perdido ya a su hijo Andy Gibb, un ídolo pop fallecido en 1988 a los 30 años por una enfermedad cardiaca, y a Maurice Gibb, integrante de los Bee Gees y mellizo de Robin, quien murió en 2003 por problemas intestinales agudos. Varios meses antes de su muerte, Robin Gibb le dijo a un diario británico que a veces se preguntaba si su familia estaba pagando un precio kármico» por el asombroso éxito de los Bee Gees. Los amigos de Barbara Gibb han dicho que ésta cree que su familia estaría maldecida.
Antes de que la enfermedad los afectara, la familia Gibb disfrutó de una suerte excepcional. Los hermanos crecieron en medio de penurias económicas pero tuvieron contacto con la música a temprana edad porque su padre era baterista y líder de una banda y su madre tenía experiencia como cantante.
Cuando empezaron a cantar profesionalmente, aún siendo adolescentes, alcanzaron la fama a los pocos años, primero en Australia y después en todo el mundo. Pero la tragedia siguió su evidente rápido ascenso. Robin y Maurice -los mellizos- padecieron problemas intestinales debilitantes que llevaron a su muerte prematura. Robin tuvo cáncer de colon y otros males digestivos. Incluso antes de que le diagnosticara cáncer se veía demacrado. De los cuatro varones que crió Barbara Gibb en Inglaterra y en Australia antes de que se volvieran estrellas mundiales, sólo sobrevive Barry, el mayor. También tiene una hija que vive en Australia y que nunca se interesó por la fama.

