Marilú Acosta fue determinada por su existencia al arte. Y, para realizarse como actriz, ha hecho mucho más de lo que demanda una sociedad, exigente, competitiva y tantas veces hermética a los nuevos valores, a esos que se les demanda con rigidez la muestra de su calidad, la validez de su compromiso de vida con la estética de la escena y la férrea consistencia de su formación y autoformación.
Marilú Acosta ha tenido que bregar con condiciones muy difíciles para reafirmar su vocación, desde el momento aquel en que nos comenzó a enseñar, con Yerba Mala (producción y dirección de un Waddy Jáquez, que fue de los primeros que descubrió que se estaba ante un valor teatral en desarrollo vertiginoso), hasta ahora, cuando escribe, dirige e interpreta 11 personajes en estas aleccionadoras y estimulantes Mujeres al Desnudo.
Su decisión de desarrollarse como artista la ha llevado a tomar rutas prometedoras pero inciertas para una mujer sola, sin relaciones ni recursos materiales en sus cuentas de banco. Tuvo el valor de señalarse un camino y no vaciló en hacerlo.
Acosta ha tenido que mostrar talentos y condiciones fuera de lo esperado, como por ejemplo lo ocurrido con sus estudios de teatro en Cuba, donde los cubanos la sometieron a pruebas extenuantes físicas y de interpretación casi impasables
11 personajes
El monólogo Mujeres al Desnudo es un montaje caracterizado por la fuerza de sus textos, que se apoyan en investigaciones de campo realizadas por su autora, quien le añade la belleza al lenguaje popular de sus representadas.
Adicionalmente se responsabiliza como audodirigendo a con un montaje escénico, en el marco de un escenario limpio y minimalista, con el apoyo de nuevos talentos, en los que se destaca la breve y brillante participación escénica de Joni Estrella.
El desnudo final, a nuestro modo de ver (que ya sabíamos que vendría) sale sobrando.
UN APUNTE
¿Por qué?
Acosta tiene en Hermafrodita una actuación superior a Michelle Rodríguez. Fue uno de los pocos errores del prestigioso galardón.

