Opinión

Mujeres por mujeres

Mujeres por mujeres

SANTIAGO.- En nuestro país, como la clase política y sus partidos no acaban de salir del esquema tradicional de la democracia enferma y atosigada que con ellos se ha  mantenido, la presión de una parte de la jerarquía de la Iglesia Católica seguirá siendo “el cuco” que decida a partir de líneas bajadas desde una Roma que tampoco sale del atraso de un papado reaccionario que promueve la injusticia.

Las personas que conforman el poder de los partidos, mayoría masculina, sin embargo, deben enterarse que la política se ejerce en función de las necesidades del pueblo y la ciudadanía y que alinearse a sectores tan reduccionistas de instituciones también cuestionadas a la luz de los Derechos Humanos, Civiles, Políticos y Económicos, no deja ya el beneficio que dejaba.

Las sociedades, incluida la nuestra, ya no son las mismas y un ejemplo es la aparatosa visita al Papa realizada por el candidato del PRSC a la presidencia, en pleno período electivo pasado, para asegurarle su incondicional adhesión a las “más sagradas costumbres católicas”, Concordato incluido, y el fracaso total de haber conseguido los pocos votos que sacara ese partido.

En los últimos 50 años, principalmente la iglesia católica ha estremecido dolorosamente al mundo con los crímenes cometidos por sus clérigos, todos asociados precisamente al poder del género masculino sobre el femenino, extendido al dominio y autoridad, cuando se trató de abusos sexuales contra niños y niñas. La misma jerarquía cuestionada, muy a pesar de su tradición de  ocultar, encubrir y hasta silenciar, ha tenido que diligenciar respuestas muchas veces enredadas y poco convincentes por la reiteración histórica de delitos amañados con el poder.

A los legisladores varones, hay que recordarles también que fuimos las mujeres las que los llevamos a sus curules, un “plus” en la responsabilidad contraída,  por lo que pensar y legislar para nosotras es hacerlo por la mayoría.

Pero sobre todo las mujeres, ciudadanas, dominicanas, todas, tenemos que recordar que tenemos el deber de hablar por nosotras, voz a voz y grito a grito, junto al de muchos padres, hermanos, compañeros, hijos, hombres humanistas que nos acompañan, para hacer valer los derechos conculcados.

Precisamente, y a propósito del derecho a abortar cuando podemos morir o somos ultrajadas, el «Programa de Acción adoptado en la Conferencia Internacional sobre Población y el Desarrollo», realizada en El Cairo en 1994, enfatizó sobre las necesidades insatisfechas a nivel internacional en materia de derechos sexuales y reproductivos, los que dijo,  «abarcan derechos humanos que ya están reconocidos en las leyes nacionales, en los documentos internacionales sobre derechos humanos y en otros documentos pertinentes de Naciones Unidas que fueron aprobados por consenso».

El reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos como parte de los Derechos Humanos, constituye un avance en materia de reconceptualización de los Derechos Humanos, consignado en documentos internacionales como: La Declaración Universal de los Derechos Humanos, 1948; La Proclama sobre Derechos Humanos Teherán 1968; La Declaración de Alma Ata sobre Atención Primaria, 1978; Las Declaraciones de las Conferencias de Población de Roma 1954, Belgrado 1965, Bucarest 1974, México 1984 y particularmente la Conferencia de Cairo 1994.  Agregando los emanados de las Conferencias Internacionales de la Mujer, y todos firmados por la República Dominicana

Marzo es el mes de las mujeres y en marzo, las mujeres hablamos por las mujeres porque muchas de nosotras no pueden hablar. Enmudecieron por el peso de la cultura de la doble moral; por obra y gracia de santidades inventadas; por las amenazas implícitas y las explícitas; por el miedo a las represalias verdaderas y las imaginadas; por las amenazas de muerte social y por las ejecuciones de tantas muertas que ni siquiera hablaron.

En marzo, las dominicanas lo decimos: queremos recuperar nuestros cuerpos señalados, ultrajados, difamados y mutilados, cuya propiedad se reparte en nombre de Dios! Queremos un Constitución y leyes que nos liberen y hagan justicia!

(susipola@gmail.com)   

El Nacional

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