WASHINGTON (AP) — La prioridad de Barack Obama cuando asumió la presidencia fue revivir una economía estadounidense hecha añicos. Hubo tropiezos y la recuperación fue lenta. Pero Obama cumplió el objetivo y deja una economía mucho más sólida que la que heredó. El desempleo, del 4,6%, es el más bajo en nueve años. La Bolsa de Valores sigue subiendo y 20,2 millones de personas que no tenían seguro médico hoy cuentan con uno.
La nación, por otro lado, tomó el camino de las energías limpias: gas natural, eólica (viento) y solar. Todos estos progresos, no obstante, no terminaron de cicatrizar las heridas de la crisis financiera del 2008. Las encuestas llevadas a cabo después de las elecciones presidenciales de noviembre indicaron que casi dos tercios del electorado consideraba que la economía “no luce tan bien” o es directamente “floja”.
Esos votantes apostaron por Donald Trump, un republicano que despotricó contra el estado de la economía y prometió dar marcha atrás con muchas de las políticas de Obama. Los contrastes entre Obama y su sucesor ayudan a explicar por qué los progresos económicos de los últimos ocho años no han tenido eco en buena parte del país.
Obama fijó políticas con una actitud fría y profesional, hablando a menudo con una determinación estoica, mientras que Trump recorrió el país arengando a la gente con discursos encendidos con los que se identificaron muchos votantes que piensan que la recuperación no los tuvo en cuenta. “Los historiadores recordarán a Obama por sus políticas racionales, basadas en la evidencia”, opinó el ex asesor económico del mandatario saliente Alan Kruger, “en contraste con el estilo más visceral y apasionado del presidente que lo precedió y del que lo sucederá”.

