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Opinan excluidos entrarán algún día

<P>Opinan excluidos entrarán algún día</P>

NUEVA YORK.   Los reproches son estridentes: el Salón de la Fama del béisbol se ha convertido en una institución irrelevante, anacrónica y hasta injusta.

Otros se despachan con punzantes críticas que cuestionan la capacidad intelectual de los periodistas que tienen asignada la tarea de seleccionar a los miembros exaltados, que si se dejan llevar por rencores, que se hacen de la vista gorda con estadísticas irrefutables, que son incoherentes.

Todo esto porque en el año 2013 no se pudo elegir a nadie dentro de un pelotón de 37 candidatos que incluyó al líder histórico de jonrones (Barry Bonds), el lanzador con la colección más voluminosa de premios Cy Young (Roger Clemens) y el único bateador con tres temporadas de por lo menos 60 cuadrangulares (Sammy Sosa).

Poniendo de lado el encendido debate, que realmente ha sobrepasado los límites de la histeria, el resultado de la votación fue el que se esperaba.

No hay que dar muchas vueltas para interpretar lo acontecido: se dio un referéndum con el pronunciamiento de rechazo rotundo a los jugadores que fueron los rostros visibles de la era de los esteroides.

Bonds, Clemens y Sosa, dueños de récords y protagonistas de prodigiosas proezas, fueron objetos del desaire de una masa de votantes que sospecha que sus logros se debieron al consumo de sustancias dopantes, sin importar que ninguno de los tres ha confesado que lo hicieron.

Pero los participantes en la votación de la Asociación de Cronistas de Béisbol de Nortamérica también ignoraron a Craig Biggio, Mike Piazza y Curt Schilling, otro trío de debutantes en la papeleta. La misma suerte se cebó con Jack Morris, Jeff Bagwell y Tim Raines, quienes repetían.

Un Apunte

Rechazo tendrá cola

 El rechazo a todos los candidatos de 2013 tendrá cola, puesto que la lista

de espera aumentará en votación del año próximo. Greg Maddux, Frank Thomas, Tom Glavine y Mike Mussina aparecerán en 2014 y luego será el turno de Pedro Martínez, Randy Johnson y John Smoltz en 2015.

Una buena manera de describir lo ocurrido es catalogarlo como un voto de penitencia, en el que la factura por los platos rotos tras una de las más vergonzosas páginas del béisbol profesional ha sido compartida por todos.

“Aquí lo que estamos viendo es que van a pagar justos por pecadores, porque mira ahora como nadie entró”, dijo a The Associated Press Juan Marichal, el pitcher que en 1983 fue elevado a Cooperstown y es el único dominicano con una placa en el templo de inmortales.

Se trata de un castigo sin discriminaciones, destacó Mike Schmidt, otro miembro del Salón.

“Schilling lo planteó bastante bien, todos fueron culpables. Ya sea por consumir sustancias para mejorar el rendimiento o porque no hiciste nada para evitarlo. Esta generación se hizo rica. Parece que hay un precio que se debe pagar”, comentó Schmidt a la AP.

A la larga, con 14 años adicionales para ser sometidos en futuras votaciones, lo previsible es que la resistencia se irá disipando con el paso del tiempo y el volumen de votos irán en aumento hasta que los señores en mención lograrán sumar ese 75% mínimo necesario.

En los textos publicados con los votos, muchos de los periodistas se mostraron  dispuestos a cambiar el punto de vista.

Así que Clemens, que recibió 37,6% de apoyo, y Bonds, que sacó 36,2%, estarán algún día en Cooperstown. Así que tranquilos, la historia no será borrada del mapa. Quien tal vez se encuentra peor parado es Sosa, cuyo 12,5% de adhesión luce muy débil.

El Nacional

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