La crisis derivada de la guerra en el golfo Pérsico no es un relato. Se trata de una dura realidad que de una u otra forma ha golpeado a las grandes economías, y, por ende, a las pequeñas en todo el mundo. Estados Unidos, que con Israel inició el 28 de febrero la guerra contra Irán, no ha evitado los efectos, convirtiéndose en una de las principales víctimas con alzas escandalosas en el costo de la vida.
Uno de los primeros efectos recibidos por el país a causa de las tensiones y el ambiente bélico fue la sustancial reducción de las remesas, que en febrero descendieron un 9.6 % con relación a enero de este año y un 3.2 en comparación con el mismo mes de 2025. El petróleo, que tanto incide en el costo de las actividades productivas y los servicios y que al inicio de los ataques rondaba los 65 dólares el barril, comenzó a escalar hasta situarse a alrededor de los 111.
En medio de ese panorama muchos artículos han subido de precio. Pero, mirando el cuadro con un mínimo de sensatez hay que reconocer que las alzas por aquí, incluidas las de los combustibles, han estado muy por debajo de la dimensión de la guerra en Medio Oriente.
En su estrategia por relacionar los aumentos con una imaginaria incompetencia del Gobierno, la oposición se ha perdido. Porque si el impacto de la crisis no ha sido más devastador ha sido precisamente por racionalidad en el gasto y la intervención de las autoridades, con el presidente Luis Abinader a la cabeza, para evitar que se cargue a los consumidores los aumentos derivados de los insumos importados.
Cuando en 2008 el precio del petróleo rondó los 147 dólares el barril, República Dominicana tuvo la suerte de formar parte de Petrocaribe, la iniciativa impulsada por el entonces presidente venezolano Hugo Chávez a través de la cual se adquiría el crudo en condiciones preferenciales. Además de no existir el instrumento, que fue un balón de oxígeno para muchos países, tampoco es posible, como se ha propuesto, articular las alianzas entre distintas naciones para desarrollar un mercado más asequible.
Venezuela y México, los dos grandes productores de petróleo de la región, están controlados o tan intimidados por Estados Unidos que en las circunstancias actuales no se han atrevido, aunque deseos no les falten, en suplir siquiera un galón de gasolina a Cuba. La mezquindad y los devaneos de la oposición dominicana frente a las acciones para enfrentar la crisis, antes que sumarle, le resta.
La población no percibe que el Gobierno sea derrochador. Más bien lo contrario. Y para más tiene todavía la moral bastante alta con las auspiciosas medidas que tomó para salir airoso en el menor tiempo de la pandemia del covi 19.

