La Fundación Hermanos de la Maza demandó este viernes la aprobación de una ley especial que declare no prescritos los crímenes cometidos durante la tiranía de Rafael Leonidas Trujillo.
La entidad hace la petición en una carta pública con motivo de la puesta en circulación del libro de Angelita , «Trujillo, mi padre», que fue impedido de ser puesto en circulación anoche.
«Reconocemos el derecho de todo dominicano a expresarse con libertad. No obstante, en el caso de la familia Trujillo, hay que recordar que quedaron impunes crímenes horribles, incluso cuerpos desaparecidos sin derecho a descansar en tumbas conocidas, sin que haya habido reparación ni moral ni económica a la sociedad», dice la carta.
Texto de la carta:
Ante las afirmaciones recientes hechas por descendientes del tirano Trujillo, esta Fundación desea expresar lo siguiente:
a) La tiranía, afortunadamente, es cosa del pasado lejano.
b) Los hermanos de la Maza Vásquez, junto a sus compañeros de la gesta del 30 de Mayo, ofrendaron con generosidad sus vidas en favor de la causa de la libertad y de la democracia, y aunque los perdimos irremediablemente en ese empeño, nos sentimos orgullosos de su desprendimiento, civismo y coraje.
c) Esa libertad ganada a sangre y fuego, es lo que ha permitido a la familia Trujillo utilizar sin temor los medios de comunicación para expresar sus ideas, distinto a lo que sucedía en la siniestra tiranía que encabezó el déspota. Lástima que lo hagan, como lo hicieron siempre, distorsionando la verdad histórica, y simulando comportamientos.
d) Reconocemos el derecho de todo dominicano a expresarse con libertad. No obstante, en el caso de la familia Trujillo, hay que recordar que quedaron impunes crímenes horribles, incluso cuerpos desaparecidos sin derecho a descansar en tumbas conocidas, sin que haya habido reparación ni moral ni económica a la sociedad.
e) Por tanto, el pueblo dominicano debería exigir, como de hecho exigimos, la aprobación de una ley especial que declare no prescritos los crímenes horrendos cometidos por ellos y sus sicarios y la devolución de los bienes mal habidos, robados a este pueblo y usufructuados por esa familia.
f) Finalmente, qué pena que la arrogancia siga siendo la norma de conducta de esos descendientes del tirano, cuando lo que procede por su parte es un acto público sincero de arrepentimiento y de petición de perdón al país por los actos horribles e inhumanos cometidos no solo por el «benefactor», sino también por sus hijos, familiares y relacionados.
Tal vez hizo falta que el 30 de Mayo culminara, como estaba previsto en el plan político, con la petición de cuentas, el fin de la impunidad, y con la aplicación de sanciones severas a los que desfalcaron el erario público y llenaron de luto y dolor al pueblo dominicano. Quién sabe si esa arrogancia trujillista pudiera ser el inicio de un movimiento organizado para exigir cuentas a personajes tan dañinos, que pasean su impunidad en desprecio a los valores sagrados de la patria.
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