Opinión

¿Por qué a los denunciantes?

¿Por qué a los denunciantes?

Es preocupante ver cómo los asuntos cosméticos opacan los temas esenciales. El esperado desmentido de Margarita de Fernández ha sustraído espacio  al cuestionamiento de la sociedad frente a serias sospechas de dolo y prevaricación, efecto de la denuncia que hace un periodista de Santiago acerca de millonarios depósitos hechos supuestamente a favor de la primera dama en un banco danés. 

Igual ocurrió en el caso de Guillermo Gómez y Chiqui Gómez. Esta vez se obviaron los escandalosos manejos de grandes fortunas para centrar la atención del Ministerio Público y algunos medios convencionales en irrelevantes intervenciones telefónicas e Internet, como si esto no fuera una ocupación antigua y frecuente entre quienes manejan grandes intereses económicos y políticos. Tan inaceptable como practicada.

Las cifras y nombres involucrados en los debates se colocan muy por encima de la comprensión general y del ámbito judicial. En vez de prestar atención a las astronómicas sumas y funcionarios mencionados, incluyendo a la esposa del Presidente, pretenden hacernos creer que el delito está en las denuncias no en las probabilidades de fraudes y el abuso de poder que esto representa.

Los victimarios haciéndose las víctimas, con la complicidad de medios complacientes y una sociedad que parece haberse acostumbrado al delito como ver despertar la mañana y caer la tarde. En cualquier país del mundo manejos escandalosos de inferior proporción habrían movido la acción pública, partiendo de documentadas denuncias. El presidente de Alemania acaba de renunciar sólo por obtener un préstamo en condiciones blandas, para adquirir una vivienda.

Perseguidos son, sin embargo, quienes osan   desafiar la impunidad, aireando depósitos millonarios, en dólares y en Euros,  de empleados y funcionarios que tendrían que vivir mil vidas para obtener la décima parte las cifras indicadas.

 Se trata de hechos atribuidos   a personas, que ha transformado su estatus de pobres a millonarios, de la noche a la mañana, llevando una vida de boato y francachela que raya en el insulto y la indignidad.

¿De dónde diablos puede sacar el senador de San Juan 25 millones de dólares para comprar un avión ejecutivo? Cierto o no, estamos ante un hecho que debe ser investigado y esclarecido. Fondos públicos, posiblemente sustraídos a la educación, la salud y la producción agropecuaria, áreas muy descuidadas en los gobiernos del PLD, partido cuyo candidato no ha dicho esta boca es mía, a propósito de los escándalos que han estremecido a la sociedad dominicana. En el momento de hablar, quien calla otorga.

El Nacional

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