¿Es momento de reducir el gasto público como palanca de estímulo a la reactivación de la economía interna?
Algunos economistas plantean el fin de la política fiscal anticíclica, que es aquella dirigida a estimular el crecimiento en momento en que hay factores adversos que limitan el aumento de la demanda de bienes y servicios en tiempo de crisis mundial.
En economías desarrolladas como las que integran la Unión Europea (UE) se está planteando la reducción del astronómico endeudamiento público generado por el desembolso de más de 750 mil millones de dólares a través del programa de rescate de economías con asfixiantes tormentos presupuestales. Grecia, España, Hungría
En Estados Unidos, tras el estallido de la crisis financiera de 2007 y la quiebra de centenares de instituciones bancarias arrastradas por la incapacidad de pago de millones de deudores para hacer frente a sus desacreditadas hipotecas subprime, el Gobierno destinó más de 1,3 billón de dólares para rescatar a los pobrecitos banqueros.
El impacto que tuvo sobre el déficit presupuestal la puesta en práctica del Programa de Estímulo Económico (promulgado el 17 de febrero/2009 por la Administración Obama) ha disparado por las nubes el déficit presupuestal estadounidense.
Pero lo más preocupante: concebido para volver a los americanos (o, mejor, norteamericanos, dg) al trabajo y poner a la economía en la senda del crecimiento, tal como lo concibiera en su momento Tim Geithner, Secretario del Tesoro, hoy, en pleno 2010, la tasa de desempleo supera los cuatro millones 600 mil personas. Y sigue creciendo
Atormentado por el lento crecimiento, la poca generación de empleos y una desconfianza de los consumidores en la política económica, sumado a un déficit presupuestal que asusta, la Administración Obama luce desconcertada, indecisa. Se niega a renovar paquetes de medidas de estímulo a la economía.
Frenar el gasto público en época de lenta recuperación conspiraría contra la reactivación económica que se genera gracias al oxígeno financiero desembolsado a través del gasto público para estimular al sector privado y la creación de empleos.
Y en economías subdesarrolladas como la dominicana- marcada por una notoria dependencia del ciclo productivo, comercial y financiero de Estados Unidos, hay que tener en cuenta el impacto dinamizador que suele tener la aplicación del estímulo fiscal para la reactivación de la demanda de bienes y servicios.
Lo importante es que haya control y calidad en el gasto público. Que tanto el gasto público como la inversión en la esfera social sean monitoreados sobre la base de lo consignado en la ejecución presupuestal.
En el caso concreto de la economía dominicana para el presente año 2010 el monto del déficit presupuestal sería equivalente al 2,6 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Un déficit manejable con financiamiento apropiado.
Pero desechar el gasto público como instrumento para estimular la demanda de bienes y servicios en momento en que la reactivación económica está a la vista, sería alejarse de la senda del crecimiento y la creación de empleos.

