Tanto la países exportadores como los importadores de petróleo mantienen los dedos cruzados al observar el comportamiento del mercado petrolero internacional, en medio de serios nubarrones que ya se ciernen sobre el panorama financiero mundial debido a la crisis de la deuda en la Unión Europea, el debilitamiento de la recuperación en EE.UU. y el debilitamiento en el ritmo de crecimiento de China.
No obstante, por los predios de los países productores y exportadores del crudo, tanto de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) como de la Agencia Internacional de Energía (AIE), surgen comentarios críticos entorno a una posible baja en los precios del petróleo. Y es lógico que así suceda, pues para los exportadores del crudo a precios más altos, mayores ganancias, mientras que para las economías importadoras del petróleo, la reducción en los precios constituye una bendición, pues se favorece la ejecución presupuestal y los bolsillos de los consumidores.
Recordemos lo que aconteció durante la Gran Recesión.
En medio de la crisis financiera desatada dentro de la geografía económica norteamericana con el estallido de la burbuja inmobiliaria, los precios de las casas cayeron estrepitosamente, lo que motivó a muchos inversores a retirar sus capitales del casino financiero existente en las bolsas de valores de Wall Street, posándose en el fértil terreno de la especulación financiera en los mercados de futuros de los alimentos, petróleo y otras materias primas.
Conviene recordar lo que aconteció en Estados Unidos durante el verano del 2007 cuando estalló la crisis de las hipotecas subprime de alto riesgo, las cuales fueron otorgadas de manera irresponsable por los banqueros a clientes que no tenían solvencia financiera al momento de recibir esos préstamos. Para ese entonces cerca de 3 millones de acreedores hipotecarios se vieron imposibilitados de honrar sus deudas debido al incremento exagerado de los intereses. Los bancos incoaron demandas legales para la ejecución de esas hipotecas, llevando el pánico y la desesperación a millones de hogares.
Esas maniobras especulativas en los mercados de futuro incidieron significativamente en la persistente volatilidad (variación, inestabilidad) que se registraron durante la Gran Recesión, época en la cual el precio del barril de petróleo se elevó por las nubes, llegando a cotizarse en julio de 2008 a más de 147 dólares para caer en septiembre a 100 dólares, acentuándose la tendencia hacia la baja en los meses sucesivos hasta desplomarse en los inicios del 2009 a 35 dólares el barril.
Marco Antonio Moreno, consultor y asesor financiero chileno, en un interesante trabajo titulado Por qué el alto precio del petróleo es el detonante de la próxima crisis (2011) expresa: Las consecuencias de este hecho que una parte del mundo prefiere ignorar, y que está crisis del petróleo nos instala en las puertas de un escenario quizá de mayor gravedad al que vivimos el 2008. A tres años de esos eventos, podemos ver que no se ha producido ningún avance serio en el mundo y que sigue primando la incompetencia y ambiciones de los incubaron la crisis.
Y hoy, en pleno 2012, se pone en evidencia, una vez más, que las alzas y bajas en los precios del petróleo pasan por el filtro de la especulación financiera en los mercados de futuro, lo que demanda la adopción de medidas concretas para enfrentar a los jugadores del casino energético mundial, los cuales participan del mercado en busca exclusiva de pingües beneficios, dejando atrás los intereses globales de la humanidad.

