La ruta de la seda
Cuando en el 2013 el actual presidente de China, Xi Jinping, lanzó al mundo la propuesta de resucitar la histórica Ruta de la Seda que existió unos dos siglos antes del nacimiento de Cristo lo hizo convencido de que dadas las actuales bases tecnológicas y financieras de la economía global, el globo terráqueo se encuentra en el mejor momento para dar vida a ese ambicioso proyecto de integración económica mundial.
El proyecto de la Ruta de la Seda va en serio. China ha destinado unos 40 mil millones de dólares para la realización de los estudios concernientes a la factibilidad y construcción de la denominada zona o camino que conectaría a casi todos los continentes (cuando en su primer momento histórico de existencia sólo comprendió a los continentes de Asia y Europa, en una extensión de 7 mil kilómetros, debiendo recordarse que en esos tiempos América y África eran territorios desconocidos o casi inexplorados).
Una cosa es cierta: China ha dispuesto de unos 100 mil millones de dólares a través del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII) para ser destinados a la formulación y ejecución del gigantesco proyecto infraestructural dirigido a incrementar sustancialmente los flujos comerciales internacionales mediante el uso de las vías terrestre, marítima y aérea, a pesar de que todavía no existen informaciones que hagan referencia de manera precisa al empleo directo de esta última forma de intercambio comercial, pero que el sentido común obliga a contemplar.
Se trata de una sumatoria de acuerdos comerciales y construcción de infraestructura que deberá ser validado por los Estados interesados en formar parte del proyecto global y que abarcará la construcción de puertos, aeropuertos, carreteras. gaseoductos y la colaboración en los ámbitos de energía, finanzas, ciencia y tecnología e Investigación para el Desarrollo (I+D) dentro de un espíritu de integración económica.
El proyecto ha sido lanzado por el Gobierno chino, pero ya numerosos países lo han asumido como si fuese propio demostrando su disposición de participar en el mismo, convencidos de que la multiplicación de los esfuerzos productivos, comerciales y financieros redundará en beneficio de la economía mundial.
China es el principal inversor en África y de ahí su interés en conectar la bautizada Ruta de la Seda con el continente mediante la construcción de importantes obras de infraestructuras en Kenia, Etiopia, Uganda, Ruanda, Burundi y Sudán del Sur, entre otros países africanos.
Pero América Latina y el Caribe también está invitada a recorrer la Ruta de la Seda.
El gigante asiático ha reforzado su presencia inversionista en la región. Téngase presente que China es el principal socio comercial de países latinoamericanos tan importantes como Brasil, Chile, Perú y Uruguay y el segundo de otros muchos de la región. En Centroamérica y el Caribe el posicionamiento de China en comercio e inversión va en aumento, acentuándose año tras año el fortalecimiento de los vínculos económicos con la subregión.
Definitivamente, la puesta en marcha de la creación de la Ruta de la Seda bajo el impulso inversionista de China parece haber llegado para convertirse en una realidad en las próximas décadas.

