Gran pesar
Antes, durante y después de ser Primera Dama, doña Renée Klang viuda Guzmán fue siempre la misma persona. Su auténtica sonrisa traducía ternura, cariño y el respeto para todos que la acompañó hasta que exhaló su último aliento. La sociedad la recordará más como la esposa de uno de los presidentes más populares, don Antonio Guzmán Fernández, que en su rol de Primera Dama. La solidaridad marcó su existencia.
Por su bonhomía y delicadeza ni siquiera los perredeístas en su afán de autodestruirse mancillaron el nombre de doña Renée, cuya sencillez contrastaba con su fortaleza espiritual y su vasta cultura que poseía. A los 98 años y con una salud precaria, agravada con sucesivas recaídas, la distinguida dama exhaló su último suspiro en la tarde de ayer en el centro médico Homs, de Santiago.
Sus nobles cualidades la hacen merecedora de todos los tributos con que la sociedad pueda honrar su memoria. Su hija Sonia y demás familiares pierden a un ser querido. Y el país a una noble ciudadana, que se distinguió por sus servicios sociales y generosidad.

