Sin importar la fórmula que se aplique, incremento global o por vía de un rebrote en las tarifas mínimas, se requiere más rápido que inmediatamente de un aumento general de salarios que permita a trabajadores y empleados recuperar el valor de sus ingresos y de paso, dinamizar la economía por el lado del consumo y el crédito. Los instrumentos de política monetaria no alcanzan ya para conciliar el Índice General de Precios con salario real, por lo que resulta más que imprescindible un reajuste salarial, que desborde el límite del salario mínimo. La Confederación Patronal (Copardom) y el Consejo de la Empresa Privada (Conep) deberían entender que la economía requiere de una masa de consumidores que aliente un mayor consumo y uso de bienes y servicio y que la garantía de un presupuesto familiar digno es como un oxígeno para la gobernabilidad. Se entiende que un aumento de sueldo por vía de una ley o a través del Comité Nacional de Salarios debe ser compatible con la situación económica de las unidades productivas, pero sería altamente perjudicial que patronos y trabajadores se cierren a banda, ante un tema tan sensitivo.

