El diputado Pelegrín Castillo ha dado en la diana con su advertencia de que carece de sentido una reforma constitucional que no comprometa a todos los actores políticos ni implique la eliminación del clientelismo. Sin esas premisas la reforma de la Carta Magna que promueve el presidente Leonel Fernández se reduce, como la definió el diputado de la Fuerza Nacional Progresista (FNP), a una triste mascarada. Dice lo cierto el legislador cuando advierte que en nada se está si con la reforma no se tiene el compromiso de defender la soberanía, la integridad territorial y la identidad nacional, sin importar las consecuencias. Una reforma constitucional no es cambiar un documento por otro. En ese sentido también son válidas las reservas del legislador por el Distrito Nacional. Lo fundamental, sin embargo, es que sin compromiso real de todos los sectores toda reforma, por más progresista que sea, está destinada al fracaso. En la apertura de una cumbre con el propósito de unir al país observaciones como la de Castillo son para tomarse muy en cuenta.

