Página Dos

PRIMERA FILA

PRIMERA FILA

El exjefe de la Policía, Pedro de Jesús Candelier, tendrá sus razones para quejarse de la negligencia que atribuye a las autoridades para esclarecer la muerte de un empleado suyo. Si es como ha expuesto, de que a mes y medio de la muerte de Agustín Ulloa Reyes de la Policía no lo han llamado ni por cortesía, su indignación es obvia. Aún en medio del auge de la criminalidad que azota a la población, la circunstancia en que murió el empleado de Candelier se presta a comentarios. Ulloa Reyes, de 48 años de edad, fue muerto a puñaladas, no se sabe si como parte de un atraco o qué, pocos minutos después de salir de la residencia del exjefe de la Policía, en el residencial Alameda. Desde entonces no ha vuelto a hablarse del suceso y Candelier se queja, con razón, de que el jefe de la Policía no lo ha llamado ni siquiera por cortesía para darle alguna explicación. Habría que ver ahora si como conocedor de los asuntos policiales a Candelier le satisfacen los resultados de la investigación sobre el deplorable crimen. Por algo se quejó. Es obvio.

El Nacional

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