La presencia del presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) se presta para reflexionar sobre el ejercicio periodístico. Milton Coleman ha citado peligros que constriñen el derecho a la información, como el crimen organizado y el narcotráfico. Pero también pudiera agregarse la corrupción, un pernicioso ingrediente que incide tanto en la manipulación como en la autocensura. Y peor todavía cuando se emplean recursos públicos para comprar o alquilar lealtades políticas. Coleman, quien es editor del Washington Post, sabe que de no ser por la independencia de ese medio el escándalo Watergate, que propició la renuncia del presidente Richard Nixon, se habría frustrado. La libertad de prensa, sin obviar amenazas como las citadas por el presidente de la SIP, es también un problema ético, relacionado con la independencia y el compromiso con la verdad de los medios. Al margen de Gobiernos. De lo contrario esa libertad, tan apreciada y fundamental para el sistema democrático, se torna muy relativa.

