Fui invitada por la familia de la escritora Pura Emeterio Rondón a leer el ensayo que escribí para la entrega de su premio de Ensayo 1992, sobre el poema Compadre Mon y la reivindicación de lo popular en ese poemario.
La actividad se realizó en la Academia de la Lengua, lugar al que no asisto en protesta a su utilización política, cuando su presidente se inventó una premiación insólita a un político muy controversial, en plena campaña política. En esa ocasión escribí a la asociación de Academias de la Lengua preguntando si habían establecido esa tradición.
En el evento se destacaron las cualidades de Pura, primero como una muchacha risueña y cándida que se ganaba el corazón de todos con su sencillez y don de gentes, y luego su largo historial como estudiosa de la lengua, crítica, ensayista y profesora.
En el público estaban las más connotadas representantes de la Orden Religiosa Las Teresianas, a la que pertenecía Pura, el siempre solidario Doi Gautier, el hijo de Don Manuel del Cabral , Solano, Ofelia y otros escritores y escritoras miembros del clúster de escritores de la Academia. Faltaron las escritoras amigas de Pura, pero sus razones tendrían.
Como era de esperar no falto una ponencia sobre la afiliación de Pura Emeterio a la llamada ideología nacionalista, en boca de Manuel Núñez, quien desglosó su posición ideológica, resaltando su énfasis en el rescate de los valores y símbolos de la dominicanidad.
Al final, un indignado Mario Bonetti nos exigió a todos escuchar con suma atención y tomar en cuenta los aportes de Pura a esa ideología, a la que él recientemente se ha sumado con un grupo de veinte y tantos intelectuales.
Cuando ya me iba una religiosa se me acercó para preguntarme por qué no respondí, tanto a Manuel como a Mario, explicando la diferencia entre nuestra postura nacionalista contra quienes realmente creemos mantienen en peligro nuestra nacionalidad, y el hacer de los condenados de la tierra, o mangos bajitos, el centro de nuestro valiente nacionalismo.
Le dije que por respeto a Pura y a su familia no lo hice, porque siempre creí que Pura no tenía formación política y como no la tenía no podía entender el debate que sostenemos quienes vemos la avasallante presencia de la cultura y economía norteamericana como el verdadero enemigo de nuestra nacionalidad, no un contingente de infelices, que ni documentación tienen y mucho menos influencia, porque ni siquiera español hablan.
Ese no es el caso de Mario, con un largo historial como marxista, de ahí que con él si nos permitamos debatir, aunque ello no signifique una merma en el cariño.
Y colorín, colorado.

