Hace unos días recibí un comentario de un lector dominicano residente en Pensilvania, Messala Tapia, profesor, quien, con mucho respeto y expresiones de admiración a mi persona y a mi familia, me encara la posición política que en este momento analizo, en relación al proceso electoral. Con elegancia, me cuestiona mis opiniones favorables al candidato perredeista don Hipólito Mejía.
El señor Tapia me señala errores supuestamente cometidos por Mejía cuando fue presidente de la Republica, pero no observa que Hipólito es persona espontánea honesta y que dice las cosas como son; es decir, como las prefiero y más cuando nuestro país lo ha visto todo, inclusive el último gobierno del PLD, a quien ayudé sin factura, pero el país sigue inmerso en un vendaval de endeudamientos y con problemas en áreas capitales como educación, salud, vivienda, energía eléctrica y empleos, que arriesgan la propia seguridad institucional democrática, a pesar de 12 años del PLD, con más recursos que ningún otro gobierno y controlando el Estado. Hay una dictadura institucional.
El PLD ha tenido luces y sombras. Ha habido crecimiento económico, pero no se ha distribuido equitativamente; muy por el contrario, ha sido notoria la concentración de riquezas en pocas manos, mientras el pueblo sufre inimaginables penurias, y ello ha inspirado a buscar un cambio, algo que lo necesita la democracia, la alternabilidad, aunque un político tiene que permitir el disentimiento y mucho más a un amigo que nos respeta y reconoce.
Creo necesario insistir que estudiamos a fondo el gobierno de Hipólito Mejía, el cual fue afectado por el mayor fraude bancario en América Latina en los últimos 50 años, lo cual disparó todas las variables, deteriorando las condiciones de vida, pero tuvo el coraje de reconocer sus errores y es hombre nuevo y distinto, capacitado para enfrentar a los banqueros presos, lo cual ha permitido analizar a fondo los motivos que influyeron para que aquella bomba de tiempo le explotara en sus manos, que venia incubándose desde 1996. Además, los primeros 2 años de don Hipólito fueron excelentes, al extremo de que el PRD obtuvo 28 senadores en el 2002.
Además, Hipólito comprometido con su partido y seguidores, agradece la nueva oportunidad que le ofrecen, y promete enfrentar los grandes desafíos, para levantar su imagen y su compromiso con su pueblo, sus amigos, su partido y con el proceso democrático, que como pocos ha defendido desde muchacho, a quien conozco bien para poder hablar y, modestia aparte conozco en este país al tuerto durmiendo y a todos los sectores, donde humildemente he ayudado en muchas áreas y a nadie he facturado.

