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Señalizar el tránsito es perder el tiempo

Señalizar el tránsito es perder el tiempo

La proliferación de señales de tránsito en las principales avenidas de la capital no ha impedido que  automovilistas continúen estacionando vehículos encima de las aceras, en las entradas de clínicas y hospitales, en las paradas de  autobuses y cometiendo otras violaciones que obstaculizan la circulación de conductores y peatones. En los últimos días, las autoridades han desarrollaron una ofensiva de colocación de señales de tránsito en varias vías principales de la capital con el objetivo de hacer menos caótico el movimiento de vehicular. Como consecuencia, proliferan  las señales de pare, no estacione, hospital, no bocina y otras que advierten a los ciudadanos que no deben dejar sus vehículos en el lugar.

Esas advertencias están colocadas a pocos metros unas de las otras, pero no han surtido el efecto deseado.

Un recorrido de El Nacional por vías tan transitadas como la César Nicolás Penson, la Pedro Henríquez Ureña, Leopoldo Navarro, Doctor Delgado, 30 de Marzo y otras, evidenció la gravedad del problema, que  indica  la falta de conciencia ciudadana de la mayoría de los conductores, que actúan como “chivos sin ley”, en una ciudad en la que el tránsito vehicular crece vertiginosamente.

Debido a la cantidad de vehículos mal estacionados a ambos lados de las vías, el tránsito en las horas pico y normales se vuelve lento, caótico e infernal.

Ese  hecho  aumenta los niveles de estrés de la población y, como consecuencias, los  daños a la salud.

Pero además, imprime un aspecto de arrabal a zonas residenciales, cuyos vecinos confrontan múltiples dificultades para entrar y salir de sus marquesinas. 

Muchos atribuyen esa desorganización del tránsito a  la falta de una campaña educativa y de orientación a  los conductores y usuarios del transporte de pasajeros.

Otros consideran que esa campaña de concienciación debe ser acompañada de  acciones represivas que conminen a las personas a respetar la Ley  de Tránsito.

 Se preguntan “cómo es posible que a la vista de todos, los ciudadanos cometan  violaciones a la ley sin que paguen las consecuencias”.

El Nacional

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