Oigan bien: lo de Gilberto Serulle y los regidores santiagueros no es socialismo, palabra relativa a socializar riquezas y poder, haciendo partícipe al pueblo de la conquista de su bienestar y de las decisiones que le atañen.
Eso es sociolismo, algo relacionado con la participación de ellos y sus socios en el reparto de prebendas derivadas del mal manejo de los recursos públicos.
Las recientes denuncias ( El Nacional, 8 de octubre, pág. 5), lo confirman:
-Compra sin licitación de 25 camionetas y 10 camiones en 71.2 millones de pesos a empresa del socio del presidente de PRD,
-Aval para comprarles a crédito a los regidores 43 yipetas en 86 millones de pesos.
-Incremento vertiginoso de la nómina de la Alcaldía por razones clientelistas y aumento de 20 mil pesos a las/os regidores/as hasta alcanzar los 100 mil mensuales.
¡Más de lo mismo! Después de proclamar la Alcaldía como primer municipio socialista, con el estímulo de los grupos de la boleta del MIUCA.
Para mí y demás camaradas del MC, no hay sorpresa, porque no respaldamos la alianza con la cúpula corrompida del PRD y, por el contrario, advertimos sobre las pésimas consecuencias de ese grave error.
Ahora ha sido peor involucrarse en esa vergonzosa expresión de corrupción, beneficiándose incluso del irritante aumento de sueldo y las yipetas auto-asignadas por la sala capitular a su membresía.
El socialismo debe ser tratado con seriedad y es imperdonable cualquierizarlo en busca de cuotas y privilegios a costa del erario; haciendo demagogia y disfrazando con sus atributos compromisos ajenos a ese proyecto transformador.
A mí no me extraña la conducta del nuevo alcalde y los regidores de las derechas de esa ciudad, puesto que tienen añales conviviendo con la corrupción y las políticas antinacionales y antipopulares del PLD, el PRD y el PRSC. El traslado de Serrulle a la boleta del PRD fue motivado por el respaldo del Leonel Fernández al ya desacreditado ex-alcalde José Enrique Sued.
Serrulle y sus aliados se montaron entonces sobre la ola de repudio a ese señor y enarbolaron un falso discurso moralista, pero no era cuestión de sabios apreciar que estaban llamados a ser continuadores del desastre material y moral provocado por la partidocracia tradicional a que pertenecen. A mí me duele, sí, que dirigentes de izquierda caigan en esas trampas por puro pragmatismo, puesto que los/as revolucionarios/as tenemos el deber de ver mas allá de la superficie y actuar por encima y en contra del oportunismo y el ventajismo político.

