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Sorpresa

Sorpresa

Pedro P. Yermenos Forastieri

La familia estaba fascinada. Con muchísimo esfuerzo, había adquirido la finca de sus sueños. Hermosa planicie de tierra negra como las noches de su pueblo afectadas por interminables cortes de energía atribuidos a los perniciosos efectos de las chichiguas con las que se divertía la muchachada. A la ineficiencia suele resultarle fácil encontrar maneras de justificarse.

 El esposo, agricultor por vocación y genética, disfrutaba el desarrollo cotidiano de los proyectos que implementaba en un terreno que comparaba con el entusiasmo que le generaba encontrar debajo de su cama cada 6 de enero, el regalito que con ilusión había pedido a los reyes magos en cartita improvisada con sus primeras letras.

 Cada domingo, la cita era ineludible. Mamá, papá y los hijos que vivían con ellos, llegaban al inicio de la mañana a un pasadía que retaba la creatividad familiar. Inventaban juegos; llevaban mesas para cartas, dominó y el entonces en boga monopolio, que sirvió para despertar la afición financiera del más pequeño de la prole.

 Al frente, la propiedad estaba precedida por un imponente almacén utilizado para guardar el resultado de las siembras. Su amplio espacio permitió instalar el comedor y las sillas donde se colocaba la comida hecha en la cocina del lugar o llevada por el feliz grupo.

Sorpresas que da la vida

En una de esas visitas, le surgió la idea. Al interior del almacén haría una habitación con su baño. En ella podría descansar e incluso quedarse a dormir en los tiempos de cosecha. No comentó nada con la familia para darle la sorpresa. El lunes siguiente inició los trabajos y todo estaba casi terminado cuando regresaron y se maravillaron con lo bonito que estaba quedando. Solo faltaba el mobiliario para hacer utilizable el nuevo aditamento.

 Un viernes, llegó sin avisar desde la capital, el hijo mayor. Sin pensarlo, propuso a su mamá ir a la finca, la que había podido visitar apenas un par de ocasiones. Al repentino viaje se sumó la hermana adolescente. Estaban felices de ir al lugar convertido en fuente principal de alegría familiar.

 Algunos metros antes se percataron, al visualizar su camioneta, que el papá estaba en la finca. Intentaron producir el menor ruido posible para no prevenirlo. No comprendían por qué tardaba en abrir ante los golpes en la puerta. Minutos después, escucharon sonidos procedentes de la parte trasera. Hacia allá corrió la mamá. Sintió desvanecerse al impacto de ver el fugitivo hermoso cuerpo femenino.

Por: Pedro P. Yermenos Forastieri ([email protected])

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