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Tras las elecciones, Obama y Netanyahu vuelven a fojas cero

Tras las elecciones, Obama y Netanyahu vuelven a fojas cero

WASHINGTON, 24 Ene 2013 (AFP) – La tempestuosa temporada electoral en Estados Unidos e Israel dejó a Barack Obama y a Benjamín Netanyahu en el mismo lugar que hace cuatro años: mirándose uno al otro con desconfianza y en desacuerdo respecto a Irán.

El presidente estadounidense se halla en sólida forma política tras ganar en noviembre su segundo mandato en una elección en la que Netanyahu pareció apoyar a Mitt Romney, y los republicanos utilizaron las tensiones de Obama con Israel durante la campaña.

Netanyahu emergió debilitado de las elecciones del martes, aunque seguramente permanecerá como primer ministro al frente de una coalición más centrista y menos dura.

Por tanto hay nuevas interrogantes para Obama y su designado secretario de Estado John Kerry.

¿La posición debilitada de Netanyahu y el lujo de Obama, que no enfrenta el riesgo de volver a someterse a los votantes, ofrece a la Casa Blanca una mayor influencia sobre los israelíes?

¿Adoptará Netanyahu, quien quizás pagó en las urnas el precio del creciente aislamiento de Israel, una postura más conciliadora hacia Obama?

¿Cómo afectará la debilitada posición de Netanyahu sus cálculos estratégicos mientras medita sobre un ataque unilateral contra el programa nuclear de Irán?

¿Darán las nuevas facciones centristas que integrarán la coalición de gobierno israelí esperanzas a Estados Unidos y a las iniciativas occidentales para crear un Estado Palestino?

Las respuestas están a la espera de que culmine el toma y daca para la formación de la coalición israelí.

Pero pese al buen desempeño que tuvo el partido centrista Yesh Atid (Hay Futuro), un grupo de derecha, que presionaría a Netanyahu respecto a los asentamientos, podría inclinar la balanza.

 Lo que luce claro es que ha cambiado la dinámica de poder entre Netanyahu y Obama.

 «Hace dos años, hace un año, incluso hace seis meses, la persona que parecía tener asegurado otro período de gobierno era Netanyahu, no Obama», dijo Daniel Levy, analista sobre Israel de la New America Foundation.

 «Obama ahora estará en el gobierno hasta principios de 2017 — ese sería un pronóstico arriesgado de hacer para Netanyahu», agregó.

Pasadas las elecciones, tanto Obama como Netanyahu enfrentan una prueba crucial para su relacionamiento mientras buscan reconciliar sus posturas comunes sobre la amenaza iraní y sus disímiles percepciones respecto a la inminencia de esa amenaza.

«2013 será el año en que Netanyahu y Obama, que carecen de una estrecha relación personal, se junten… y batallen con este apremiante asunto», dijo David Makovsky, del Washington Institute for Near East Policy.

   Pese a sus alas políticas cortadas tras el comicio, Netanyahu no perdió el tiempo en nombrar el martes a Irán como su máxima prioridad.

Obama y Netanyahu difieren sobre el impacto de las sanciones contra Irán por su programa nuclear, que Washington considera que socavan la economía de ese país aunque todavía no arrastren a la República Islámica a doblegarse en una mesa de negociaciones.

Israel se ha negado a descartar un ataque militar unilateral y Netanyahu advirtió en septiembre ante la ONU que Teherán tendría suficiente material nuclear para fabricar una bomba para mediados de este año.

Obama, renuente a una nueva guerra en Medio Oriente, quiere dar tiempo a que las sanciones hagan su trabajo y obliguen a Irán a hacer concesiones, aunque no ha descartado el uso de la fuerza.

Ha advertido reiteradamente que no permitirá que Irán se dote de un «arma nuclear» — una agenda más prolongada que la de Israel, que cree que no se debería permitir a Teherán tener la «capacidad» de fabricar semejante bomba.

Netanyahu quiere que Washington establezca una «línea roja» para Irán, pero Obama se ha mostrado renuente a tomar el guante públicamente.

El desacuerdo sobre los palestinos también es evidente, luego que los intentos de Obama durante su primer mandato de impulsar la paz en Medio Oriente naufragaran debido a que Netanyahu rechazó sus pedidos de detener la construcción de asentamientos judíos en Cisjordania.

Los extranjeros creen que una coalición más centrista en Israel terminará por convencer a Netanyahu de mostrarse más conciliador hacia los palestinos, pese a que sus manos podrían estar atadas por su propio partido Likud.

Pero las condiciones generales no favorecen el camino de la paz.

Los palestinos están divididos entre el Fatah en Cisjordania y el Hamas en la Franja de Gaza, mientras que las revoluciones de la «primavera árabe» y los levantamientos en Siria y Egipto han desplazado la cuestión de la creación de un Estado Palestino varios lugares en la agenda.

¿Arriesgará la Casa Blanca su capital político ante tan débiles esperanzas?

Netanyahu y Obama también carecen de la química personal que podría suavizar las diferencias.

Los funcionarios de la Casa Blanca ven con desdén la puesta en escena que realiza Netanyahu cuando visita Washington, y sus anuncios sobre nuevos asentamientos a menudo parecen programados para causar a Obama la mayor incomodidad.

La designación por parte de Obama de Chuck Hagel como secretario de Defensa también es considerada como un obstáculo para un ataque de Israel contra Irán.

 La Casa Blanca no niega las fricciones pero afirma que los lazos con Israel están más fuertes que nunca bajo el gobierno de Obama.

«Ningún líder se ha reunido más a menudo o ha pasado más tiempo al teléfono con el presidente Obama que el primer ministro Netanyahu», dijo el portavoz de la Casa Blanca Jay Carney.

 Ambos dirigentes trabajaron juntos durante la crisis de Gaza en noviembre, y puede que a la postre se unan ante los intereses comunes con respecto a Irán.

 «No hay tiempo para pequeñeces, creo que la envergadura del asunto los llevará a trabajar juntos», dijo Makovsky.

El Nacional

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